miércoles, 10 de junio de 2015

Camino de Compostela.



¿Llegaré?, ¿tendré alojamiento? ¿Lloverá?¿ habrá señales en el camino?¿ me dolerán los pies? ¿Seré capaz de soportar la fatiga física?, Y...,¿ la convivencia con la soledad y el silencio?.
Surgen multitud de preguntas y nuevos planteamientos, que ponen en duda lo que hasta el momento era incuestionable. Nos sitúa en la puerta de la opción personal y comprometida por alcanzar un nivel más en nuestra realidad. De esta manera al regresar del Camino, comienza el verdadero, el que tenemos que recorrer cuando ya sabemos a dónde queremos ir.
El Camino aporta al peregrino la ocasión de verse cara a cara con su propio "YO", con sus silencios, debilidades y pensamientos, pudiendo iniciarse desde muchos lugares. Pero, dónde empieza realmente el camino de cada uno, es en Santiago. Y esta experiencia perdura con el paso de los años, pues, no cabe duda, que conocerse a sí mismo, es una aventura que dura toda la vida.



En el largo camino que lleva a Santiago, es importante recordar al párroco, del Cebreiro - una remota y preciosa
aldea, en la montaña de Os Ancares -, en Lugo. Este cura pasará a la historia por haber sido el impulsor del Camino de Santiago y ser el "creador" de las famosas flechas amarillas. Flechas que servían para indicar el camino correcto en cruces de caminos y en lugares donde podía haber conflictos.
Don Elías Valiña, recorría el norte de la península, pintando las flechas en su citroën, con el maletero a rebosar de botes de pintura amarilla.

Consiguió, con su entusiasmo y tesón, recuperar en la segunda mitad del siglo XX, la casi extinguida "costumbre" de peregrinar a Santiago de Compostela. Así que, en una labor titánica, se dedicó a pintar desde la localidad de Roncesvalles, las famosas flechas amarillas, que hoy en día, todos los peregrinos utilizan para ser guiados hasta Compostela.

Descubre tu alma ante ti, y..., pregúntate qué andas buscando"
José María Maldonado



Al llegar a Santiago, en las cubiertas, podremos ver " A Cruz dos Farrapos". Esta cruz se encuentra en los tejados, sobre la girola de la Catedral. A sus pies, antiguamente concluía la peregrinación a Compostela. En su base existe una construcción de piedra, a modo de horno donde los peregrinos a cudían para despojarse de las vestimentas que les habían servido durante el camino. Quemaban sus ropas viejas, en una especie de ritual purificador, que significaba el comienzo de una vida y el fin de la anterior, rompiendo así, con todos los sufrimientos y ataduras vividas hasta entonces. Hoy en día, es más conocida la que existe en Fisterra, allá donde los romanos decían que estaba el fin del mundo conocido, y bajo el faro, es donde la mayoría de peregrinos hacen este ritual de quema de los "farrapos" o harapos.

Desprenderse de todo, quedar con el espíritu nuevo y el alma limpia y... "ser en la vida romero, siempre romero y que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo" Miguel Hernández




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