sábado, 31 de octubre de 2015

Polvo en el viento

Ha llovido mucho estos días y los días y las noches han estado sumergidos en una niebla densa que invita a recordar. Quizás  haya aparecido para amparar sentimientos y dolores, buscando los rostros de los que se fueron.
Huele a flores, a cera, a plegarias y a rezos, a agradecimientos y culpas y también a perdón y a soledades porque todos ellos caminan entre las sepulturas; entre crisantemos y claveles.
 Pensando y sintiendo, aparece en mí ese regusto que deja en el alma un antiguo dolor, un dolor viejo como el tiempo vivido. Un dolor que acaba siendo el más fiel amigo, ese que sabe de tus sueños incumplidos, de tus esperanzas rotas, ese que te arropa en las noches en vela, cuando el sueño se ha ido y no quiere volver a dejar en tu almohada los murmullos de un silencio que no llega.
 Se hace tarde para soñar y aquí están la mismas preguntas; esas que uno se hacía antaño cuando la vida parecía no tener fin.

Y es que estamos hechos de otros, de aquellos que nos han querido y de aquellos otros que tuvimos el deseo de que lo hicieran. Y así... entre las sepulturas aparece la tristeza.

En mi alma,
agazapada en el silencio,
como una ladrona
esperando para sorprenderme,
ha aparecido sin que yo la buscara
ni la echara de menos.

¿ Por qué no te vas?
Le digo bajito y...en silencio
para que no lo oiga nadie, 
para que nadie lo sepa.

 Pero ella... me mira y sonríe
y se queda callada
avanzando despacio
por las calles del alma,
quitándome el aire
con el que yo me alimento.



En esta noche  y en las demás noches.

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