miércoles, 27 de enero de 2016

MIMOSAS


Después del otoño y, ya pasando Enero, en pleno corazón del invierno aparece, en Galicia, la primera flor: LA MIMOSA.

Esa lluvia de oro que inunda con su aroma orillas, laderas y caminos de bosques.
 Simplemente, es un estallar de luz. Es un inundar de aroma. Es la belleza de un árbol que se ha mantenido hasta el momento casi desgarbado y que ha pasado desapercibido durante el resto de los meses del año. 
Ah! pero con el andar de los primeros meses, según la zona, y como un nuevo amanecer en un día claro, despliega toda su belleza con una delicadeza insuperable por ninguna otra flor.
Igual que la xesta, esa retama tan querida  por los gallegos, también de porte desgarbado como una adolescente que promete una belleza extraordinaria en su madurez, también, como ella, tímida, se repliega sobre sí misma cuando siente la proximidad de algo o de alguien  apenas la rozas.
Se le conoce como mimosa o sensitiva, debido al modo en que mueve su follaje  al ser tocada o expuesta al calor, incluso también lo hace al atardecer.
 Al tocar minimamente sus hojas, estas se cierra inmediatamente y sus tallos menores caen por el peso de las mismas. Este mecanismo  de contracción cumple dos objetivos: en primer lugar, simular ser una planta mustia es ideal para protegerse de cualquier posible predador. y en segundo lugar  sirve para no perder una cantidad excesiva de agua durante el calor del verano e incluso para resguardarse del viento al reducir la superficie.
Símbolo de la elegancia, la ternura y la sensibilidad.
Todavía la Primavera está lejos, la primavera que induce el despertar de la tierra, ella anuncia que no tardará en llegar y Galicia nos recibe en una mar de mimosas amarillas, que te siguen en caminos y senderos haciéndote un pasillo de aroma dulzón, amable e inesperado.
Llegaron a esta tierra a mediados del Siglo XIX desde Australia y agradecida a ella se ha ido extendiendo colonizando montes y laderas.
Para quien viaja, las mimosas constituyen un recibimiento real, dándole una bienvenida olorosa y visual insuperable. Un espectáculo que nos puede transportar a la infancia más dulce, uno de esos pequeños milagros de la naturaleza que evoca tardes de lluvia y fragancia de leña que se quema en el hogar.



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