lunes, 26 de septiembre de 2016

Benito Soto: El último pirata gallego. Los ladrones del mar

Con diez cañones por banda
Viento en popa, a toda vela.                   
No corta el mar si no vuela
 Un velero bergantín
Bajel pirata que llaman
Por su bravura el temido
En todo el mar conocido
Del uno al otro confín.
 .José Espronceda, contemporáneo de Benito Soto, compuso el célebre poema "La canción del pirata" en memoria y homenaje del forajido pontevedrés.. Dicen que Espronceda siempre se interesó por  Benito soto  al que le envolvía un halo de romanticismo y misterio.

Benito Soto era hijo de marinero: Un pirata al estilo clásico que cuentan las leyendas: valiente, agresivo, violento y sanguinario. Su historia es breve y tan solo duró cinco meses en una travesía desde el golfo de Guinea hasta la ría de Pontevedra. Se encuentra entre los piratas más famosos y sanguinarios de la historia junto con Barba Negra, Barbaroja, Frances Drake entre otros.

Un arrabal marinero  de Pontevedra le vio nacer allá por el año 1805; entonces la ciudad de Pontevedra había entrado en una larga decadencia después de ser una de las villas marineras más pujantes de Galicia y el norte de Portugal. 
Marinero desde edad muy temprana, llevó a cabo su trabajo en las costas de Galicia desempeñando diferentes cargos y variopintas funciones con su padre, algunas de ellas de dudosa legalidad. Estas actividades le llevaron a ser respetado entre los ambientes de los puertos donde se ejercía el contrabando.
Antes de llegar a los 20 años ya apuntaba maneras de pirata  atacando barcos  que se dedicaban a la trata de esclavos para robarles la mercancía.
Benito Soto se dedicó a surcar los mares destrozando todo lo que encontraba en su camino, especialmente barcos ingleses, convirtiéndose en un pirata temido en el Atlántico.
Su carrera como pirata continuó hasta atacar más de diez buques durante su viaje desde el sur de Africa hasta las islas de las Azores. Quería regresar a Galicia y vender sus tesoros para vivir de las ganancias en la zona de Cadiz.
Una gran cantidad de aventureros, pusieron rumbo a América, y se situaron sobre todo en el Caribe. Este era un lugar de paso obligado del comercio entre América y Europa. Poseían barcos veleros muy rápidos, ya que su misión era alcanzar y abordar a los grandes galeones cargados de mercancías que atravesaban el Atlántico concentrándose en el Caribe antes de iniciar su viaje a Europa.

Todo europeo soñaba con las riquezas del Nuevo Mundo.Y tanto el pueblo llano, como los señores con aspiraciones, hicieron sus proyectos para enriquecerse fácilmente. Unos financiaron expediciones, otros se embarcaron en ellas, pero fueron muchos los que partieron para el Nuevo Mundo con el sueño de la riqueza relativamente rápida como aspiración.
Fácilmente conseguían capturar barcos mercantes que acostumbraban a navegar solos, pero en la práctica capturar un Galeón con oro era casi un sueño, solo una pequeña parte de los Galeones Españoles con oro fueron capturados, ya que la norma era que navegasen en convoyes fuertemente escoltados por barcos de guerra. Muy pocos se atrevían a atacar de frente a un galeón de guerra Español.
Todo un mundo y una manera de vivir y morir. Un gran número de circunstancias, hicieron que muchas personas acabaran llevando una vida tan arriesgada y corta. Una vida dedicada al robo y a la violencia. No dependían de nadie, no tenían que rendir cuentas a nadie, pero tampoco tenían la protección de ningún país y eran perseguidos por todos aquellos cuyos barcos habían sido atacados.
Su método de lucha era fundamentalmente destruir el velamen del barco, impidiendo su capacidad de maniobra para a continuación realizar una abordaje y la victoria en la mayor parte de las ocasiones.


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