lunes, 12 de diciembre de 2016

EL ALMA DE GALICIA: LA GAITA GALLEGA


No se conoce con claridad el origen de la gaita, no obstante si se sabe, que su aparición es anterior al cristianismo y se cree a su vez, que apareció en un ambiente pastoril al añadir a una flauta un odre de piel de cabrito, cordero u otro animal.


En la confección de la gaita, la elección de la madera dependerá del gusto de cada gaiteiro, unas son más sensibles que otras a los cambios bruscos de temperatura y humedad y esto es importantísimo tenerlo en cuenta.
La más sensible es el boj, y es muy apreciado por los solistas por su dulzura y riqueza armónica. Es la madera autóctona que más se ha utilizado para construir la gaita tradicional gallega.
El boj es generalmente un arbusto ramoso y siempre verde intenso y brillante por el haz y verde pálido por el envés. Se cría en valles fluviales y laderas umbrosas y rocosas.
Para la funda o vestido se puede escoger entre cuatro diferentes modelos. La funda estándar de terciopelo, la brocada, la de lino y la doble que es una combinación de las anteriores.
El proceso de elaboración empieza por la tala del árbol. Está demostrado que las mejores épocas de tala son el cuarto menguante de la luna de enero y el cuarto menguante de la luna de agosto y la razón es que en ambos casos la circulación de la sabia es mínima y por lo tanto la expulsión de esta será más fácil y rápida. Se trata de conseguir un perfecto secado al mismo tiempo que mantenemos la madera viva.

Una vez talado el árbol, se deja quince días sin cortar las ramas para que estas succionen la máxima cantidad de sabia posible. 

El aroma que desprende evoca siempre recuerdos muy entrañables de otras épocas así como lo hará también el sonido de la gaita después.
Su madera es muy valorada; es dura, densa, fácil de tornear, pulir y teñir y sirve para fabricar pequeños objetos, entre ellos instrumentos musicales de viento y algunas piezas para las gaitas.
Comienza entonces una larga sucesión de fases de tratamiento hasta que la madera queda totalmente seca.
Se trata de lograr un instrumento de excelentes timbres y con mínimos cambios físicos en el futuro.
Cada gaitero puede personalizar su gaita, eligiendo la tonalidad, la madera, las anillas, la funda, fleques, grabados...
Durante el franquismo, la música tradicional gallega fue forzada a adaptarse a la visión política del momento, sin embargo con la desintegración y caída de este, la tradición  volvió a tenerse en cuenta.
A partir de 1980 aparecen muchos cantantes y grupos que partiendo de la música tradicional la fusionaron con otras músicas.
El pueblo empleaba la música en muchas ocasiones y por numerosos motivos: para expresar sus inquietudes, para transmitir normas sociales, para protegerse de los males y atraer los favores divinos, para celebrar acontecimientos, facilitar el trabajo, divertirse o hacer mas llevaderos los momentos duros.

domingo, 4 de diciembre de 2016

MULLERES GALEGAS

Sierra da Capelada. Ria de Ortigueira, Estaca de Bares.




Con el permiso del mar y de los vientos, en la costa de Ortigueira, diez mujeres --herederas de un oficio surgido de la necesidad - cada verano marcan en el calendario las lunas llenas y nuevas, esperando pacientemente a las mareas lunares para poder arrancar las algas rojizas de entre las rocas de Pena Furada. Una roca que emerge del mar y que por efectos de la erosión está horadada a modo de puente de doble arco.
Hace ya más de cien años que las mujeres de Loiba bajan en busca de algas. Descienden por los acantilados hasta llegar a las playas de O Coitelo, Gaivoteira, O Picón entre otras.
Playas hechiceras, llenas de farallones batidos por la espuma, cerradas entre acantilados como el tesoro más valioso.
Es una faena dura, tanto por la dificultad de acceso a las playas como porque sólo se puede hacer cuatro o cinco días cada mes, entre junio y octubre, siempre que el viento y la mar lo permitan y no cada fin de semana, pues la ley prohíbe la recogida en estos días.
Las algueiras han de meterse en el agua con la marea baja para poder apañar este fruto marino que escurre por las rocas bañadas por la marea pues las que están en la arena no sirven. Van metiendo las algas en sacos y para sacarlas de la playa, no hay otro medio más adecuado, que es el que se viene usando desde siempre, cargan los sacos en burro y suben por los caminos que serpentean  la costa.
A los no entendidos, las algas nos parecen todas iguales, aunque desde luego no es así, las hay azules, pardas, verdes y rojas que son, estas últimas, las que se recogen.
Sólo pueden trabajar cuatro o cinco días, desde el mes de junio a octubre en ese espacio de tiempo que queda entre la bajamar y la pleamar. Este oficio, como no, está en vías de extinción.
Comparten acantilados con percebeiros y pulpeiros en los tramos más agrestes de la costa, a los pies de Estaca deBares.
Madrugan para llenar los sacos que arrastran por la arena y los van cargando sobre uno de los burros que bajan a la playa, ya que son los únicos animales capaces de subir la carga por un sendero rocoso y escarpado.
Los cabos que se adentran en el mar son los mejores miradores de este paisaje. Si la niebla está ausente se pueden ver dos de los salientes más emblemáticos de la costa gallega. Al oeste, más allá de la ría de Ortigueira se distinguen los farallones que marcan la punta del cabo Ortegal y al este se yergue la mole de Estaca de Bares con su faro.
Mientras, el sol se acuesta creando todo un espectáculo que emociona, gaviotas, alcatraces y cormoranes sobrevuelan las olas acompañadas por los últimos destellos de la luz del sol y por la brisa que parece mecerlos entre las ráfagas del viento.

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