lunes, 27 de marzo de 2017

CASTILLOS





Hace algún tiempo un hombre extranjero con los ojos de un azul intenso como el mar, miraba la arena de la playa embadurnada de agua y sal a la que iba dándole forma, construyendo castillos de elevadas torres adornados con almenas y flanqueados por grandes fosos.
Una y otra vez perdía su mirada en el horizonte y construía y esculpía con sus manos figuras que más tarde la marea alcanzaba dejando montones sin forma, pués las esculturas de arena duran a veces lo que dura un suspiro o lo que tarda la marea en subir y alcanzarlas.

Entre sus manos la nada y un infinito asombro.
De su capacidad de asombro ante el universo y de la reflexión ante el misterio del espacio y de la vida que lo llena, va amontonando arena, para expresar este asombro, que en definitiva es la única riqueza que puede tener el hombre.
La gente detenía su paseo, se le acercaba y le dejaba algunas monedas al mismo tiempo que hablaban intercambiando experiencias.
Un y otra vez el viento secaba y deshacía las esculturas y una y otra vez el escultor las levantaba desafiándolo.
Un invierno, el viento desató su ira con tal furia y agresividad que hizo que la playa desapareciera bajo sus aguas, solo quedaba un pequeño acantilado de arena sin orillas de espuma.
Desde aquel pequeño acantilado observaba como las olas habían borrado todo rastro de su existencia. La playa ofrecía de nuevo su imagen habitual. Toda la arena quedó plana y uniforme. Era como si nunca el castillo hubiera existido.Entonces el escultor de arena despareció.
Tal vez, se dirán los paseantes, tenga algún significado o tal vez no. Tal vez se limitaba a jugar con la playa, con el viento y con el mar. Tal vez le gustaba percibir el calor del sol sobre su cuerpo, percibir el sonido de las olas y sentir el tacto de la arena. Igual quiso soñar como aquel otro que "quiso volar igual que las gaviotas".



Quiso volar igual que las gaviotas, 
libre en el aire, por el aire libre 
y los demás dijeron, ""¡pobre idiota, 
no sabe que volar es imposible!"". 

Mas él alzó sus sueños hacia el cielo 
y poco a poco, fue ganando altura 
y los demás, quedaron en el suelo 
guardando la cordura. 

Y construyó, castillos en aire 
a pleno sol, con nubes de algodón, 
en un lugar, adonde nunca nadie 
pudo llegar usando la razón. 

Y construyó ventanas fabulosas, 
llenas de luz, de magia y de color 
y convocó al duende de las cosas 
que tiene mucho que ver con el amor. 

En los demás, al verlo tan dichoso, 
cundió la alarma, se dictaron normas, 
""No vaya a ser que fuera contagioso..."" 
tratar de ser feliz de aquella forma. 

La conclusión, es clara y contundente, 
lo condenaron por su chifladura 
a convivir de nuevo con la gente, 
vestido de cordura. 

Por construir castillos en el aire 
a pleno sol, con nubes de algodón 
en un lugar, adonde nunca nadie 
pudo llegar usando la razón. 

Y por abrir ventanas fabulosas, 
llenas de luz, de magia y de color 
y convocar al duende de las cosas 
que tienen mucho que ver con el amor. 

Acaba aquí la historia del idiota 
que por el aire, como el aire libre, 
quiso volar igual que las gaviotas..., 
pero eso es imposible..., ¿o no?...







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