martes, 13 de junio de 2017

MUIÑADA

¡Uy cuantísimos ríos hay en esta tierra gallega!. Maravilloso pasear por sus orillas y ver los reflejos de los salgueiros, loureiros, bidueiros, enormes helechos que mojan, a veces, sus pequeñas hojas en las aguas saltarinas del río. Te sientes en una realidad diferente y fantástica donde la magia de la vegetación, el sonido del agua  y los sonidos del bosque te trasladan, aún sin querer, a otra dimensión, a otro estado, más grato, más placentero, donde cualquier deseo pudiera hacerse realidad.

La variedad de colores y tonalidades de las hojas se aprecia principalmente en otoño, cuando la multitud de verdes da paso a pardos y rojizos para recibir al invierno con las ramas desnudas pero ahora, en verano, la frescura del color verde se hace sentir en la piel. Y ...en algún recodo  aparece de repente un molino de agua.



El molino es una construcción de piedras pequeñas cubiertas de teja, generalmente cuadradas, que se  dividen en dos plantas; tremiñado - parte superior- y el infierno - parte inferior.
Se localizan en las orillas de los ríos para provechar su caudal y trasladar el agua al molino. Una vez cargada la muela y echado a andar, el gordo de la harina se regula en la cruceta y en la caída de la acequia. Nos encontramos con varios tipos de calidades: el oleo que caía cerca del pie y que servía de papas para los niños, luego la harina propiamente dicha:  farelo, más lejos del pie y luego la harina brava con cáscara del grano de maíz o picón, granos machacados.



A veces, llueve tan fuerte que el caudal del río baja como un verdadero torrente, formando remolinos y espumeando en sus pequeños desniveles. Con esta enorme fuerza se podían mover hasta 53 molinos, donde se obtenía  la harina de maíz principalmente y ,de trigo y centeno en menor medida.

Hoy en día no se utilizan, claro está. Se restauran. Estos molinos de agua restaurados se reparten a lo largo de la Ruta da Pedra e da Auga que atraviesa la vegetación por donde discurre el río Armenteira

Pequeños, de apenas 30 metros cuadrados de superficie y de una sola planta , la arquitectura de los molinos tiene detalles sorprendentes como esas repisas ( en gallego, pousadeiros) junto a la puerta, en la que se descansaban los sacos y que al estar a un metro escaso del suelo reducían el esfuerzo necesario para cargarlos.


La molienda se realizaba sin descanso, de noche y de día. Para vigilar que el molinero no se cobrara una proporción de harina mayor que la debida. Se hacían guardias y reuniones junto al molino que derivaron en fiestas y en bailes. De ahí surgió la muiñeira ( molinera) , el baile tradicional de Galicia.

"Lo que pasaba en el molino quedaba en el molino".

Aquel tiempo se perdió en los años 50 del siglo pasado con la irrupción de las máquinas eléctricas.La maleza y la tierra se fue apoderando de los molinos, a la vez que sus estructuras se derrumbaban y los tejados se hundían. Entonces se inició un proyecto de rehabilitación para que todo este espacio y aquella actividad de la molienda no viviera solo en la mente de las personas mayores.
Ahora las fachadas de los molinos lucen una bonita piedra. Los tejados sus tejas rojas, el caudal del río discurre por un cauce despejado de maleza y se puede cruzar en distintos puntos por puentes de madera.
Dentro de estos bosques la magia vuelve a surgir cuando los rayos del sol se cuelan entre los árboles.

Todos los molinos tiene un nombre, algunos referidos a sus propietarios, y otros a su ubicación. Unos eran de herdeiros ( de propiedad de particulares que van heredando el molino) otros de parceiros ( pertenecientes a una colectividad, con los días de molienda repartidos) y otros de maquía ( de profesionales que cobraban por hacer la molienda).
Y así siguen viviendo entre nosotros para siempre.



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