viernes, 8 de enero de 2016

QUEICOA

"Queicoa" significa en "Barallete", la lengua de los afiladores; héroe, luchador, ser mítico. Así les llamaban  a aquellos viejos afiladores que llevaban a sus espaldas muchos kilómetros y muchos caminos. Eran hombres curtidos de trabajar en el campo que un día decidieron hacer su gran viaje a ninguna parte con la compañía del girar de una rueda.
Caminaban y soñaban. Si afilaban vivían y si paraban, morían

Orense, es la tierra de los afiladores, de la "Ribeira Sacra", del "Entroido" y los "magostos" y por supuesto del licor café. A " Terra da chispa",que algunos traducen por tierra de audaces. Llamada así  por la cantidad de afiladores que poblaban estos lugares ya que el oficio consistía en afilar cuchillos y navajas así como todo tipo de herramientas y cuando esto se hacía saltaban chispas " no rebolo", piedra de afilar, que era en donde se afilaba.
La rueda al afilar echa un chorrito de chispas. Este es el origen del apodo.
Para anunciar su llegada suele emplear, el Chiflo, una pequeña flauta de Pan de cañas o plástico como silbato y la va haciendo sonar en sus tonalidades de grave a agudas y viceversa.
El afilador es un campesino gallego que no puede vivir de la tierra, sin embargo, no le quedó otra alternativa que abandonar la aldea y recorrer las miles de callejuelas de países que fue visitando a lo largo de su vida.
¡ Que remedio! Hay que emigrar, como ahora y como en tantas ocasiones a lo largo de la historia de tantos países del mundo cuando la vida se hace dura e irrespirable.
La provincia de Orense ha sido la cuna de estos hombres que recorrieron el mundo cargando a sus espaldas o empujando, una rueda de afilar.
Tenían los afiladores  lenguaje propio, ya perdido en la actualidad. Este idioma particular se llama "barallete" y está basado en el gallego hablado en Orense que se encripta con la sustitución de palabras habituales por otras inventadas y sin ninguna conexión lingüística con ella. Era imposible para el que no perteneciera al gremio, entender la conversación. Hoy en día es un lenguaje para el recuerdo.


En las aldeas orensanas quedan algunos viejos afiladores que en sus años mozos dieron la vuelta al mundo.

La leyenda dice que la rueda de afilar fue inventada por un herrero. Es muy difícil de construir, requiere mucha paciencia y mucho arte, cosas estas también indispensables para ser un buen afilador. Es en el siglo XVII cuando aparecen los primeros. Hace, por tanto, trescientos años, que los afiladores orensanos andan dando vueltas por los caminos del mundo.


 Hoy está en vías de extinción este oficio que representa toda una cultura de trabajo y sacrificio.
Ya no se oyen por las callejuelas del ancho mundo a estos hombres. La chispa está a punto de apagarse para siempre. Una chispa que saltaba de la rueda y era arrastrada bajo la lluvia y el viento.
Orense tierra de afiladores y paragüeros, hombres que recorrieron el mundo llevando en su corazón su tierra, mucho ingenio y su chispa particular´


"Hombres que son héroes desconocidos de novelas que no se escribieron"
                                                                    Florentino López Cuevillas ( antropólogo e historiador)















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