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martes, 21 de agosto de 2018

SIEMPRE GALICIA

Galicia, siempre Galicia. Una tierra compleja y siempre sencilla. Posee una gran sensibilidad, una profunda y equilibrada ironía y un gran amor por su tierra.
Vivir en Galicia, significa amar la vida de lleno, amar esa lluvia fina que cae "milagreira", sin cesar, como un riego continuo que hace crecer la hierba y los maravillosos bosques. Vivir en Galicia es amar esos mares oscuros y bravos, unas veces, y acogedores otras; es amar, en fin, la Naturaleza entera.
Aunque en Galicia ha habido muchas guerras: invasiones germánicas, romanas, árabes, combates contra piratas normandos, contra tropas napoleónicas, no hay en ella un personaje que sobresalga. Todas son gente del pueblo que defienden su tierra, su casa, su libertad, porque todos van juntos para un fin común.
 Y cuando los gallegos contribuyeron a la reconquista de España con sus esfuerzos, no ambicionaron para sí pueblos ni condados: solo querían contribuir a que sus hermanos de la Península vivieran libres, sin temer que algún día se viesen ellos mismos avasallados por aquellos a quienes desinteresadamente ayudaban. 
 En Castilla sin embargo, la venganza privada es el alma de la leyenda castellana: el odio nacido de un agravio que se hereda inextinguible de una en otra generación implacable hasta verter la sangre del ofensor o la de sus descendientes. Siempre el móvil de la acción es una pasión material: ambición de riquezas, posesión de una mujer...
En Galicia hay más encantamientos que milagros, más amores que guerras, más tragedias de amor que traiciones, más humor que lágrimas. Las hadas gallegas no usan varitas como las castellanas, tampoco habitan en castillos; son más humildes y sencillas: se ocultan en las fuentes que brotan del suelo, se cubren con una sencilla túnica de lino. Hilan y tejen como las mismas mujeres del pueblo.

Hay muchísimas leyendas que se reparten por toda Galicia. Tal vez la imaginación que los gallegos heredaron de los celtas, la grandiosa naturaleza que configura esta tierra, la enorme preocupación por el más allá, los matices de los campos, el rumor del viento al cruzar los bosques umbríos, el sonido de sus cascadas, los insectos que alumbran, el lamento del búho o del moucho en los pinares, adquieren dentro de la noche, esa negra sombra que asombraba a Rosalía.
El sol, la luna, el mar, los ríos, las fuentes, los bosques, todo cobra entonces poderes sobrenaturales, y dentro de esta Naturaleza nocturna y fantasmal, la ánimas andarán dueñas errantes sembrando la duda, el temor, esa angustia del alma gallega que se resume en los versos de Rosalía.

"Teño medo dunha cousa                "Tengo miedo de una cosa
 que vexo e non sei que é."               que veo y no sé que es."

miércoles, 11 de abril de 2018

Os Ancares

Galicia es... hermosa, es dulce y acogedora, es bella y valiente, pero también brava de cumbres con alturas que rozan los 2000 metros.
Es un terreno de sorpresas, de caminar despacio para perderse sin prisa por multitud de rincones serpenteados por ríos que rumorean su habla secreta que acaso solo entienden los álamos, alisos y fresnos que los guardan.
Sus ríos encajonados se abren paso entre montañas de empinadas laderas. Montañas redondeadas por la erosión con fuentes de aguas ferruginosas  a las  que la sabiduría popular le atribuye  propiedades curativas.
Los Ancares principalmente es un espacio de media montaña lleno de contrastes climáticos.El contraste entre las alturas de sus montañas y la profundidad de sus valles le otorga la belleza a sus paisajes.
Visitar los Ancares es recorrer despacio sus valles, adentrarse en sus aldeas para a veces charlar con sus gentes siempre amables. Otras veces es respirar la magia y la tristeza que emana de una aldea abandonada. 
En primavera brotan multitud de regatos por doquier, alimentando de color verde intenso los prados y los brotes jóvenes del bosque, los tintos y blancos de los brezos, los amarillos de los tojos... 

En verano, el verde de los prados y bosques se vuelve intenso en contraste con con el amarillo de las praderas agostadas.
En otoño aparece todo un festival de matices, con pardos, amarillos, rojizos y ocres de los bosques de hoja caduca que alternan de nuevo con el verde de los otros árboles de hoja perenne.
Y ya el invierno, lejos de ser una estación triste tiene su encanto con las nevadas. Troncos con sus ramas cubiertas de musgos y líquenes cuando las nevadas aumentan consiguen un paisaje menos quebrado y mas suave en ondulaciones.

Se encuentran testimonios antiquísimos de la vida humana entorno a estas cumbres siendo la reina de la arquitectura tradicional de esta zona: las pallozas con muros circulares adaptados a las circunstancias especiales del terreno donde se encuentran enclavadas. Viviendas que reunían a hombres y animales bajo un mismo techo y en un mismo espacio.
Además de la riqueza de su fauna y de su flora, el que habita aquí, en los Ancares, es el Silencio. Es un mundo de silencios donde la música la ponen el viento y los arroyos dándole la virtud de la humilde quietud a estos valles con sus lomas y quebradas sembradas de aldeas desperdigadas en las partes más insólitas.
Ancares no se distingue por sus monumentos, es tierra montaraz y caprichosa, partida por mil arroyos desparramados en mil direcciones, elevada hacia el cielo donde la naturaleza manda mucho más que el hombre.
Conocer y valora los Ancares es una satisfacción, conservarlo nuestra obligación.





viernes, 9 de febrero de 2018

ZAPATONES: HISTORIA VIVA DE COMPOSTELA



Ataviado siempre con su sombrero, su bordón, sus conchas, sus sandalias, su barba blanca y su actitud sociable, Zapatones era todo un personaje.
Aunque lloviera, nevara o hiciera sol siempre se le podía encontrar en la Plaza del Obradoiro o paseando entre la Alameda, al lado de las tres Marías y el Pórtico de la Gloria. Con su raído hábito castaño y su imagen deteriorada por mil excesos, ha sido el último pícaro conocido del Camino. Era el anfitrión de la Plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela: su CASA.
Creó su personaje. Una imagen emblemática de peregrino medieval.
 Fue "Zapatones"un niño abandonado, huérfano de familia y de raíces, hasta que cierto día estando tumbado frente al Pórtico de la Gloria, el Apóstol vino a hablarle, señalándole su camino de redención: ser peregrino en su propia ciudad.
Muchos habrán oído hablar de él, pero quizás nunca llegaron a conocerle. Otros lo habrán visto, o incluso puede que se hayan hecho una foto con él, sin siquiera saber quien era, puede que ni se lo hayan preguntado, aunque conociéndole, resulta difícil de creer, que el mismo no se lo hubiera dicho.
Creó su personaje con el Jacobeo de 1993: apodo que le puso su hija al verle vestido de peregrino por primera vez que él aceptó de buen grado: "Zapatones". Las buenas gentes le procuraron un disfraz de fraile, con bordón y calabaza, y así se lanzó a dar testimonio por calles, plazas y tabernas.
 Conocedor de mil y una anécdotas, de unos cincuenta años de edad contaba que no sabía con certeza la fecha de su nacimiento. Al parecer, al nacer fue depositado en una " casa cuna", donde pasó toda su infancia. Fue un "crápula" durante su juventud, según sus propias palabras,  y estuvo en la cárcel. Trabajó de camarero hasta que, al final, decidió hacerse "peregrino"
 Había nacido en 1954, en Camariñas, y a finales de 2011, se dice que ingresó en un centro asistencial - el monasterio de Leyre-.
Aunque llevó una vida solitaria y mísera y vivió intensamente en  la calle "Tenía por sala la mejor del mundo: la Plaza del Obradoiro" Acabó por captar la esencia del camino y luego la fue transmitiendo a los visitantes. Afirmaba que la finalidad de la peregrinación es " la búsqueda de uno mismo y el contacto con la naturaleza"
Con un cigarrillo prendía el siguiente  y así iba encadenando los minutos del día. Había sido huérfano, ladrón, preso y rebelde y con el tiempo entrañable y amigo de peregrinos y paseantes. Humano, temeroso, escondido en sí mismo, consumido y amoratado por el alcohol y el tabaco. Juan Carlos Lema Balsas fue hallado muerto en Pontevedra  a los 61 años de edad el 15 de Mayo de 2015. 
Muchos habrán oído hablar de él, pero quizás nunca llegaron a conocerle. Otros lo habrán visto, sin siquiera saber quien era, puede que ni se lo hayan preguntado, aunque conociéndole, resulta difícil de creer, que el mismo no se lo hubiera dicho.
Un personaje mágico que se fue de Compostela.

sábado, 20 de enero de 2018

La soledad de la aldea.

 Decía Lope de Vega:

A mis soledades voy,
 de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
No se que tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mi mismo
no puedo venir más lejos.
Ni estoy bien ni mal conmigo,
más dice el entendiemiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta
y solamente no entiendo
como se sufre a si mismo
un ignorante soberbio.

Fue casi sin darnos cuenta que allá por los años 50 comenzó un nuevo éxodo. Se habla de más de 3000 pueblos deshabitados de los que apenas queda el recuerdo. Se ven casi sus aldeas como esculturas modeladas al capricho de la naturaleza. Se han ido diluyendo poco a poco.
Muchos son a los que las luces de la ciudad atraen y deslumbran. Se han marchado los jóvenes y los mayores se han ido quedando solos. Ya nadie volverá a cosechar los campos y cultivar el huerto.
Caminos que se cierran, casas que se desmoronan. Estos lugares pasan a ser el envoltorio de muchos recuerdos, rincón de añoranzas de tiempos pasados, donde un día, no hace tanto, la vida fluía entre las labores del campo y la alegría de sus gentes.
Casas del pueblo con el corazón roto y el tejado hundido son aquejadas del mal del abandono, donde el silencio y la soledad caminan de la mano de arbustos y hierbas que crecen entre sus piedras. A la casa de la aldea la ha partido el corazón el rayo de la indiferencia, la tempestad de la rentabilidad y la dejadez de todos.
Hay una España que se vacía y otra que se masifica y no la oye.
Estamos en Enero y con su color gris acerado de intenso frío parece que las soledades y ausencias  de los lugares son mayores y duelen todavía más.
La dolorosa soledad de convivir sin esperar respuestas ni buscar gratificaciones humanas, al mismo tiempo tener la suficiente paciencia y esperanza para saber que todas nuestras dolorosas soledades, en el fondo, nunca bien resueltas, orfandades de otros tiempos, han servido para algo. Necesitamos saber que " el sentido" culminará y equilibrará nuestra vida, y que "el sentido" no es una explicación que uno se da sino una bienaventuranza que se alcanza.
Esta soledad de ser uno mismo, esta realidad que se alcanza al final de un proceso de autentificación, de ir deshaciendo máscaras y papeles representados, esta es la soledad que nos devuelve el equilibrio y la paz.

Decía Nietzsche que "la valía de un hombre se mide por la cuantía de soledad que le es posible soportar"

viernes, 13 de octubre de 2017

SI CHOVE QUE CHOVA

                                                                                                                                                                             La música de la lluvia no necesita interpretación solo hay que sentirla.                                                                                                                                                                                                                                         .                                                                                                                                                                                                                   
                                                                                          La lluvia,  tiene mucho que ver con los sentidos ;despierta en muchos de nosotros una serie de emociones que se relacionan con el mundo íntimo de cada cual.
     La lluvia tiene a menudo el inusitado poder de relajar nuestras mentes. Nos embriaga con su petrichor, renueva la atmósfera, arranca destellos de colores  a nuestras ciudades y nos invita a menudo a esa introspección serena, casi mágica donde tomar contacto con nosotros mismos a través de las gotas de lluvia...   
        Hay olores que despiertan en nosotros un extraño placer. Nos cautivan y a la vez se hunden en nuestra memoria  despertando en nosotros agradables sensaciones.  Son sin duda rincones privilegiados donde esas fragancias se entremezclan a menudo con gratos recuerdos.                                                                           Entre todas esas fragancias, hay una que quizás supera a las demás: el petrichor. Que se diga de ella que es el olor más embriagador del mundo no es casualidad; el olor de la lluvia empapada en la tierra tiene una función muy concreta: guiarnos hasta donde hay agua: Algo muy esencial para nosotros en el pasado y en la actualidad para gran parte de los animales, quienes recorren grande distancias guiados solo por esa sustancia química, la geosmina.
El petrichor es un término que hace referencia a un proceso delicado y fascinante que se da cuando las gotas de lluvia entran en contacto con superficies sedimentarias o porosas. Al instante, un tipo de actinobacterias generan una sustancia metabólica llamada geosmina, la cual, vuelve a la atmósfera como un aceite aromático de olor singular.
Curiosamente cuanto más seco está el suelo  más perceptible será el petrichor, elevándose como un poderoso aerosol que guiará a los pájaros y a otros animales hasta esa zona húmeda. Mientras que  a nosotros, carentes ya, de esa necesidad de encontrar agua, nos animará a abrir las ventanas para aspirar ese olor, mientras nos dejamos abrazar por los recuerdos, por el velo sutil de la nostalgia  y la caricia de esas emociones.

Alguien dijo en una ocasión que " La infancia es la etapa de la vida que termina cuando por primera vez, miramos un charco como un obstáculo y no como una oportunidad"            
A la mayoría, es verdad, nos encantan los días de sol, esos donde la piel agradece su tibieza y nuestra mente la luminosidad. Desde siempre, la luz se vincula con lo positivo, mientras que las nubes y esa penumbra que suele acompañar a la lluvia  se ve con temor e incomodidad  y también negativismo.
Sin embargo, la lluvia para muchas personas tiene un efecto diferente. Algunas personas suelen disfrutar de esos instantes de recogimiento, les agrada ver como las ciudades se visten de singulares matices, semejantes a un lienzo impresionista .
Ese sonido de la lluvia al caer, esas gotas de agua que discurren por los  cristales abren las puertas a muchos de nuestros recuerdos.  Permite que pasen a nuestras consciencias esos instantes vividos con olor a infancia, con la fragancia casi salvaje de esa tormenta de verano donde corríamos después de una tarde en la feria o una noche en la playa.
La lluvia, por tanto, también es hermosa, también cura, también alivia y nos invita a conciliarnos con la tierra que pisamos.
Así que para conocer esta tierra gallega hay que visitarla también cuando llueve, si no no se la conoce de verdad.
                                                                                                                                                                                                                                                                                         

jueves, 28 de septiembre de 2017

ORO

 El oro gallego está escondido.
La primera gran fiebre del oro ocurrió hace 2000 años, cuando los romanos disponían de miles de manos esclavas con las que poder mover montañas, como ocurrió con las Médulas - hoy en el Bierzo pero entonces pertenecían a la provincia de Gallaecia-

Plinio el Viejo ya hablaba en su "Historia Natural" de la riqueza en oro de las Médulas y Cayo Plinio - procurador romano- que administró algunas minas gallegas, aseguró que estas llegaron en diferentes momentos a significar el 10% de los ingresos totales del Imperio. 
Algunos estudiosos han calculado que sólo de las minas de las Médulas fueron extraídos 96000 kilos de oro a lo largo de 250 años. Una cantidad que explicaría la importancia de Galicia en la extracción de oro y sobre todo la necesidad de los romanos de emplear a miles de esclavos para mover esas montañas.

Y a pesar de todo lo que se llevaron los romanos, lo cierto es que veinte siglos después aún hay oro en Galicia.


En el Bierzo, al noroeste de los Montes Aquilanos y junto al valle del Sil se encuentran las Médulas. Un fantástico paisaje ha quedado después de las explotaciones auríferas romanas. declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Su estampa rojiza simula un paisaje sinuoso y de misterio. Nadie diría que los picudos farallones esconden bajo sus entrañas, el oro de los romanos.

Las Médulas, considerada la mayor mina a cielo abierto de la época romana, va más allá de este paisaje de singular belleza, rodeado de castaños centenarios, lagunas, lagos, picos y galerías. Es una de las mayores obras de ingeniería de la Antigüedad. Un paisaje cultural que muestra la acción del hombre sobre la naturaleza, su transformación a la medida de sus necesidades.










miércoles, 30 de agosto de 2017

LA MAGIA DE LA LUNA

La luna ha ejercido siempre una fascinación importante en el ser humano; ha estado llena de misterios y ha inspirado veneración religiosa, mitos y supersticiones. Todos los calendarios de la antigüedad eran lunares. Ha sido fundamental para la medición del tiempo, para marcar los meses y las estaciones, y para predecir el futuro.
La tradición oral conservó hasta nuestros días los mitos de las brujas que se reunían bajo la luz de la luna a lanzar sus conjuros, o el mito del hombre lobo, que sufre su transformación en noches de luna llena. El plenilunio acelera la fase final de los embarazos. Y la mala suerte perseguía a  quien dormía con la luz de la luna bañando su rostro porque provocaba pesadillas o podía conducir a la locura.
En la actualidad fueron los alemanes quienes comenzaron con la práctica de la luna de miel. Sus bodas se celebraban bajo la luna llena y después los novios bebían licor de miel durante 30 días.
Para el Islam la media luna se ha convertido en un símbolo y su calendario sigue siendo lunar.
Marca la celebración de la Pascua para el mundo cristiano Esta se celebra el primer Domingo posterior a la primera luna llena después del equinoccio de primavera.
Ha inspirado grandes composiciones musicales.


Cuando era niña la luna me fascinaba.  Me fascinaba su cara de plata, su redondez, su luz. En mis fantasías me acompañaba y me seguía adonde yo quisiera, guiándome.
En las noches de verano de mi infancia me cautivaba mirarla inundándome de luz el dormitorio. De muy niña la doté de vida y emociones humanas. Aún ahora en estas plácidas noches de verano me encanta salir al jardín a mirarla, a hablar con ella envuelta en el perfume y en la oscuridad de la noche.

Como dos imanes, la luna y la tierra, se atraen. La luna intenta  atraer hacia si los mares, esos mares que habitan la tierra. Intenta  tirar de cualquier elemento; sin embargo la tierra, con su fuerza, es capaz de soportar el empuje de la luna,  exceptuando el agua a la que no puede "retener" enteramente, por lo que la luna acaba siendo capaz de atraer a las aguas de los océanos.

"Tú, oh señora de las mareas
Principio y fin de mi dulce esencia
En ti nace y muere el tiempo"


Cuando la luna está en fase llena o nueva, el tirón gravitatorio del sol y la luna se combinan. En ese momento, las mareas altas, son muy altas y las mareas bajas, son muy bajas. A este fenómeno se le conoce como mareas vivas, y se da cuando la tierra, el sol y la luna están alineadas, Es por eso que cuando la atracción del sol se suma a la de la luna, las mareas son grandes y las llamamos mareas vivas.



Entonces el mar comienza a agitarse en su interior y es hacia el final del verano, como si quisiera despertar de su calma y recuperar la playa para si, cuando las mareas vivas atraídas por la luna inundan la playa acariciando la arena torpemente. La llenan de espuma blanca bailando su danza de cortejo mostrándole toda su belleza.
El mar  inunda a la playa de luz y sonido borrando de la arena las huellas de los sueños de los hombres.

Y la playa, vuelve a ser suya de nuevo.










sábado, 15 de julio de 2017

Marineros y su patrona

Con la llegada de Julio llega una de las celebraciones más importantes en toda Galicia, tanto para los marineros como para los que no lo son: la Fiesta del Carmen. Esta es la celebración marinera por excelencia, se venera a la Virgen del Carmen, la patrona de los marineros
Hay cientos de relatos que nos hablan sobre experiencias duras en el mar, quizás tantos como barcos y marineros. Estas historias de náufragos son verdaderas historias de supervivencia que muestran como el ser humano es capaz de adaptarse y soportar las más duras condiciones.

Este podría se uno de tantos:

"El barco escoraba como nunca, las olas nos pasaban por encima. Una y otra vez nos azotaban sin piedad. Sin tregua alguna, no nos dejaban quitarnos el sabor salado de la boca. Casi no podíamos respirar. Estaba empezando a ser angustioso,

El mar estallaba contra la  cubierta y cada vez que esto sucedía hacia un ruido ensordecedor. El barco se cubría continuamente con la fría y abundante espuma del mar. Era engullido por él.
Allí estábamos en medio de aquella imponente masa de agua, viendo y sintiendo como una maraña de relámpagos nos daba caza.
Mantuvimos el silencio unos minutos como si aquella oración íntima en medio de la oscuridad nos fuera a salvar de las garras de aquel mar violento.

Pero el viento fue subiendo con muchísima fuerza y cuando nos dimos cuenta el barco era una cáscara de nuez entre montañas de agua .
Cada estruendo de los relámpagos sentíamos que el cielo se rajaba de arriba abajo. Verlo nos asustaba, pero sentirlo retumbar en el cuerpo nos ponía los pelos de punta. En cada chispazo de luz nos veíamos las caras desencajadas.

Seguíamos agarrados a la caña tirando de ella con fuerza para intentar llevar el barco navegando, pero el barco estaba sin control, iba y venía a merced de las olas de forma tan caprichosa que parecía como si el mar estuviese jugando con él.
La escora era indomable y el motor insuficiente para enfrentarnos a las sacudidas del agua que venían por proa. Acercarse a tierra suponía encallar porque no teníamos control ninguno sobre el barco y el motor no tenía fuerza.
El viento siguió subiendo hasta los 35 nudos.  Entre golpes de mar cada vez más duros, el mar castigó al barco de tal forma  que el motor murió  sin remedio.
Un golpe de mar  violento me lanzó contra una cuaderna vista de popa. Me vi en el suelo sumergido en agua y gasoil. El hedor era tan fuerte que estuvimos a punto de vomitar de la angustia.
Intentamos poner en marcha el motor varias veces, pero fue imposible, estaba muerto.
 Tuvimos unos minutos de impasibilidad, de hastío, el agotamiento nos estaba pasando factura; completamente mojados, cansados y con el traje y las manos manchadas de gasoil y grasa solo nos quedaba llevar el  barco lo mejor posible.
 Solo los bofetones de las olas en los ojos y las gotas que se colaban por dentro del traje de agua eran capaces de sacarnos del letargo o la muerte súbita.
La cosa pintaba muy mal y planificar las maniobras era complicadísimo. El viento ensordecedor, los golpes de mar, la jarcia temblando, y sin motor y sin radio, parecía que nuestra suerte dependía de la resistencia del barco.
En ese momento de incertidumbre y angustia uno piensa en los familiares, en los amigos.
Adormilados por el frío, permanecíamos en silencio guardando la compostura y atados al barco.
 Cuando la angustia del gasoil se nos pasó, empezamos a salir del hoyo y a poner el barco rumbo a puerto. ´
Las luces estaban cada vez más cerca, necesitábamos llegar allí de manera imperiosa, teníamos las muñecas y los brazos reventados de aguantar la caña durante toda la noche en medio de aquellos embates. Cada ola que nos arruinaba o nos revolcaba se llevaba un insulto.

 Tres horas después hicimos una entrada propia de desalmados. En el primer muelle que vimos libre metimos caña derrapando y encajamos el barco en el muelle. Hicimos un pequeño agujero en la banda, pero desembarcamos y nos abrazamos. Besamos los tablones del pantalan  y sin que nadie se percatara de nuestra llegada, fuimos directos a abrigarnos y a desayunar".
Después de esta terrible experiencia, un día como hoy, cualquier marinero o marino siente una emoción indescriptible honrando a su patrona.: La Virgen del Carmen.

Los barcos salen en procesión y sobre las aguas navegan cientos de flores entre las estelas de los barcos que han sido lanzadas al mar. Muchos de los marineros quedaron para siempre en el fondo de mares y océanos, otros recuerdan a sus amigos, compañeros de faena que ya nunca volverán y las familias se agrupan ansiosas elevando su plegaria a la Virgen para que  proteja a sus hombres de las aguas cada vez que abandonen el abrigo del puerto




martes, 4 de julio de 2017

EL MAR DE ESTRELLAS



Desde la antigüedad numerosos marinos que navegaban el índico, relataban que en sus travesías habían visto, mares en llamas, luminosos o fosforescentes. Este lugar era conocido como El Mar de Ardora.
Desde el siglo XVII se los describía como algo parecido a campos de hielo en una noche sin luna.
La existencia de esos mares y este resplandor nocturno, es relatado por primera vez por Julio Verne en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, cuando el Nautilus atraviesa una capa fosforescente formada por miriadas de animales marinos luminosos.
Se creían que eran fantasías de marineros contadas durante siglos. Se decían, que no eran más que leyendas, mitos transmitidos de boca en boca, sin embargo científicos empezaron a registrar este fenómeno desde 1915.
Solo hasta muy recientemente no se pudo fotografiar. En 2005 un satélite de la NASA captó una extensa zona bioluminiscente en el Océano Indico, confirmando la existencia del Mar de Ardora.
Cuando miles de millones de estas micro algas se juntan en olas brillantes se produce un espectáculo de naturaleza casi único.
Este singular fenómeno, se deja ver en las madrugadas de septiembre en algunas de las costas gallegas.

En esos días de noches aún cálidas cuando en algunos lugares de la costa gallega, en Muros, por ejemplo, en Carnota, por ejemplo, el mar se llena de estrellas que parece que han caído del cielo. Estrellas azules; miles, millones de pequeñísimos organismos que desprenden una luz azulada . Es como si miles de luciérnagas azules visitaran nuestro jardín en una noche de verano. 

Es un espectáculo maravilloso. La noche nos envuelve y allá en el firmamento, el cielo cuajado de estrellas, brillantes, diminutas, juegan a hacernos guiños mandándonos un mensaje inteligente en un lenguaje cifrado que solo el hombre bueno y en paz pudiera descifrar.

La luna, grande, redonda, brillante parece querer acercarse a ver el espectáculo y las olas rompiendo en la arena de la playa deja diminutas e infinitas estrellas azules. 


Hace mucho, mucho tiempo, los marineros que surcaban las aguas del Indico en busca de nuevas tierras que conquistar o nuevas rutas, contaban leyendas del Mar de Ardora . Aseguraban que el mar se había prendido en llamas color azul fosforescente; el mar resplandecía. En ese tiempo todos aseguraban que el Mar de Ardora no era más que una fantasía de los marineros por pasar tanto tiempo en el mar.

Estas micro algas son el alimento de otras especies del zooplancton - pequeños crustáceos de cuerpo transparente -que cuando las ingieren, también desprenden luz porque las células de luminiscencia de las algas siguen brillando, convirtiéndose a su vez en un blanco fácil para sus predadores.

Dan ganas de dirigirse inmediatamente a este lugar y montar guardia toda la noche si fuera necesario, con tal de no perderse semejante espectáculo. Lo malo es que no existe ninguna garantía de que esto vaya a servir para ver como el mar de O Pindo brilla con luz propia durante la madrugada, que es cuando se puede captar ese mágico momento en el que la playa de San Pedro se tiñe de azul fosforescente.

Más allá de la explicación científica, el Mar de Ardora es un gran ejemplo de los espectáculos que es capaz de brindarnos la naturaleza.

Los responsables: unas micro algas que tienen unas células capaces de generar luminiscencia. Unos organismos capaces de emitir luz y, eso es lo que las hace visibles en medio de la oscuridad cuando las agita el oleaje.


Este fenómeno, acostumbra a producirse en la recta final del verano, cuando la temperatura del agua es más cálida. No obstante de repetirse, no muchos han podido verlo porque "XERALMENTE UN NON ESTÁ NO MEDIO DA NOITE, NA PRAIA MIRANDO O MAR


lunes, 5 de junio de 2017

Camino marítimo fluvial a Santiago

Surcando la ría de Arosa y el río Ulla se conmemora la llegada, a Galicia, por mar,del cuerpo del Apóstol Santiago. Según la tradición, la barca entraría por la ría remontando el río Ulla  llegando a la ciudad romana Iria Flavia, hoy en día Padrón.

 La llaman Ruta Traslatio, Ruta Jacobea ;Marítimo fluvial, Camino del Mar de Arousa y Ulla... en cualquier caso todas estas denominaciones se refieren a la desembocadura de Ulla en el fondo de la Ría de Arousa y al tramo final del río enlazando el tramo final del camino portugués.
Las 40 millas naúticas y los 26 kilómetros que distan entre Puentecesures y Santiago no son suficiente acreditación para obtener el diploma oficial del peregrino; así que como en los demás caminos, para obtener la Compostela, es necesario realizar, a pie o a caballo, los últimos 100 kilómetros.
Esta no es una ruta fluvial cualquiera, sino que, según cuanta la leyendas, fue la que siguió la milagrosa barca de piedra en la que sus dos discípulos predilectos trasladaron los restos del Apóstol Santiago desde Palestina a Iria Flavia ( Padrón), en el río Sar de camino a Compostela.

En esta ruta se encuentra el único Vía Crucis marítimo del mundo que está formado por 17 cruceiros, casi todos situados en el fondo de la ría y las dos riberas del Ulla.
Los siglos IX- XI se caracterizan por un período de constantes y devastadores ataques vikingos a las costas Atlánticas de Europa, y aquí en el río Ulla nos encontramos, nada más adentrarnos en sus aguas, las Torres del Oeste de Catoira, símbolo de la fuerte resistencia de los gallegos a las continuas incursiones vikingas cuyo fin no era otro que apoderarse de los tesoros de la Catedral de Santiago, por lo que para impedir su paso por este acceso marítimo fluvial a las cercanías de Santiago, se levantaron las Torres del Oeste.

Originariamente fueron siete torres enclavadas en ambas orillas del río, pero en la actualidad, solo los restos de dos de ellas se mantienen en pie, junto con una pequeña capilla dedicada a Santiago.


La ruta del mar de Arousa y el río Ulla es una ruta del Camino de Santiago que rememora las últimas millas navegadas por los restos del Santo hasta su desembarco en Padrón y desde allí completa por tierra los casi 25 kilómetros restantes hasta la capital compostelana, un trecho muy llevadero para recorrer en una solo jornada.
Los puertos de Ribeira y O grove flanquean la entrada a la más extensa de las rías gallegas, por eso habrían sido los primeros en avistar la llegada de la nave apostólica, que todavía tendría por delante unas 40 millas náuticas hasta tocar tierra en la antigua Iria Flavia, en el desaparecido puerto de Murgadán, donde versa: Huic fuit corpus Beati Iacobi ( aquí llegó el cuerpo del Apóstol Santiago).

La Ría de Arousa esconde parajes únicos, de significación especial por su pasado memorable, vigilado por las sempiternas y emblemáticas Torres de Catoira, testigos de episodios bélicos como la invasión vikinga.
El camino de santiago por la costa de Galicia es desde hace ya unos años, recorrido de peregrinos, creyentes, o simplemente curiosos que acuden a la llamada del Ápostol Santiago, cuyos restos descansan bajo la catedral de Compostela.
La travesía inevitablemente se tiene que hacer en barco, y durante el trayecto se recrea la llegada a Galicia de los restos del Ápostol por mar desde Palestina en el lejano año 44 d.C. Toda una aventura que se denominó "Translatio" realizada por una barca que transportó los restos del Ápostol surcando todo el Mediterráneo y parte del Atlántico hasta llegar a la Ría de Arosa, puerta de entrada para llegar hasta entonces la ciudad romana  de Iría Flavia (Padrón ). Dicho puerto era el punto navegable más cercano a Compostela.

La hora de partida la marca la marea, pues hay que aprovechar la franja más alta del nivel del mar, cuyos cambios de desnivel o bajadas del agua afectan sobre todo a la parte fluvial.
Tras pasar la isla de Cortegada, la ría empieza a estrecharse y el agua salobre se mezcla con el caudal dulce del río Ulla.
El paisaje cambia rápidamente según se remonta el río; las aguas se calman aún más que en la tranquila ría y las orillas modifican sus formas de roca y arenal costero por increíbles tapices de flora fluvial y según se va subiendo por el río, en las esquinas aparecen más cruceiros por los costados de la ribera.

A medio curso de la ruta del río aparece uno de los lugares más emblemáticos de este tramo del caudaloso Ulla: la ciudad de Catoira.
Junto al puente que sortea el caudal se alzan aún restos de lo que en el siglo IX fue una fortaleza y cuyas últimas piedras que quedan en pie se conocen como Torres del Oeste.
Y tras unas millas de navegación se llega al puerto de Puentecesures, final de esta ruta.
El barco no se detiene, se limita a dar un giro a la popa para volver de nuevo camino hacia la ría.
Volvemos al puerto de Cambados cuando ya comienza a atardecer por el oeste y tanto los parajes fluviales como el mar cambian de tonalidad serenando el alma.


miércoles, 31 de mayo de 2017

FURANCHOS

Furanchos de Pontevedra
Oficialmente es un local de temporada abierto, normalmente de marzo a junio, para vender el excedente de vino elaborado para consumo propio.
Furancho viene de furo ancho, el agujero que se hace en el barril, con el que extraerle el vino que tiene dentro.
Los furanchos en Galicia, son pequeños locales que recuerdan las tabernas de antaño, con vinos y productos fabricados en casa y que surgieron como una forma de vender el excedente de vino. 
Normalmente los furanchos llevan por nombre el mote o apelativo de la familia. Se les llama también loureiros por la ramita de laurel que se ponía en la puerta para informar de que en ese local se vendía vino.
El vino se sirve en "cunca" o taza y en jarras tradicionales; también es una tradición coger el vino directamente del barril, no embotellado.
Tres meses al año cuelgan una rama de laurel a la puerta de su casa y ofrecen vino que les sobra antes de que llegue la nueva cosecha.



Hay más de trescientos furanchos, la mayoría en la provincia de Pontevedra, Cambados, Ribadumia, Gondmar, Vigo entre otros.
La legislación permite la apertura de los furanchos entre el 1 de diciembre al 30 de junio, con la posibilidad de ampliar el plazo un mes más. pero solo pueden abrir mientras tengan vino propio y como máximo tres meses. A partir de fin de mes, comienzan a desaparecer las ramas de loureiro hasta que llega el 31 de julio el cierre definitivo hasta el año que viene, en que tendrán una nueva cosecha que vender.
Es un negocio familiar en el que el cosechero se pone al frente de los barriles, mientras esposa, hijos y demás parientes atienden la cocina y las mesas de los clientes. Son mesas largas donde se comparte mantel de hule con el vecino de mesa.
Nacieron como manera de poner en circulación el vino excedente de la cosecha propia de casa: vecinos, amigos, conocidos... se sientan en torno a una mesa con una cunca y acompañan la bebida con algo de la casa. En esencia, son casas particulares que habilitan una zona como comedor al púbico para servir el excedente de su propia cosecha, acompañados de comida casera.
Furanchos de GaliciaNo se encuentran por toda Galicia, aunque su fama está haciendo que se abran en lugares en los que no había tradición, como Lugo o zonas del interior. Lo habitual es que se encuentren en Betanzos (Coruña) y en el sur de la Provincia de Pontevedra. Son especialmente famosas por la abundancia y calidad de los furanchos las zonas de Cobas, en Meaño o Bembrive en Vigo.
La vendimia es temida porque todos los familiares ( por muy lejanos que sean) son llamados a filas para deslomarse durante un fin de semana recogiendo las uvas antes de que la lluvia acabe con ellas. La cuestión es que muchas veces se producía más de lo que se podía consumir y buena parte  de ese vino acababa convertido en vinagre.
De ahí nacieron los " loureiros" unas casas particulares donde los amigos llevaban algo de comer y acababan con las reservas existentes. Para señalar la casa colocaban ramas de laurel , "loureiro" y de ahí les vino su primer nombre. Y como todo en la vida, la cosa fue evolucionando, los que primero eran amigos, acabaron siendo los amigos de los amigos y finalmente fueron" unos señores que pasaban por alli" y lo que al principio era que los amigos llevaban viandas, se acabó convirtiendo en que los propietarios del vino acababan vendiendo los excedentes de los huevos de las gallinas de casa o de la matanza del cerdo. Ahí nacieron los furanchos en donde en todos ellos el vino se bebe en"cunca" y en donde existe una gran probabilidad  de acabar cantando con los señores de las mesas de al lado a los que no les conoces de nada. Principalmente esta canción:



Las principales zonas furancheiras están en las Rías Bajas. Lo más difícil es localizarlos porque suelen estar escondidos en medio de canicouvas( callejuelas estrechas en medio de la nada) y las indicaciones que te pueden dar son complejas como las de un mapa del tesoro, aunque llegar tiene su recompensa. No conozco a nadie que haya ido a un furancho y no haya disfrutado de lo lindo.

miércoles, 19 de abril de 2017

Corredoiras: caminos del recuerdo


Las corredoiras son viejos y estrechos  caminos que comunican las diferentes aldeas de las tierras gallegas. Estrechas, a veces empedradas y casi siempre embarradas. Durante siglos han sido como la columna vertebral de la Galicia más rural, formando una red de serpenteantes caminos entre aldeas para llegar hasta los rincones más recónditos por los que algún ser querido de todos caminó para marcharse.

La huella de esas viejas pisadas son las que reflejan el paso del tiempo, las estaciones y la energía de cada uno de los instantes que a muchos les han quedado grabados. Son, en definitiva, caminos del recuerdo que nos cuentan ricas historias de personas comunes, de personajes y de leyendas, que en definitiva son las que mantuvieron viva la aldea.


Entre paisajes de bosques de robles retorcidos por el paso del tiempo, pastos y aldeas casi dormidas  y muros de piedra, se respira la esencia de la Galicia más rural. Atraviesan sotos, fragas y  robledales; ponen en comunicación unas aldeas con otras; suben a las cumbres gateando por las pendientes; descienden a los valles para esconderse bajo el ramaje de los árboles que a modo de toldo le dan sombra.

La mayoría que se fueron con lo puesto, dicen que casi todos tuvieron que vender o hipotecar sus propiedades o las de sus familias para buscar nuevo porvenir en América. Otros, en cambio, simplemente pasaron la llave a la puerta para buscar un futuro mejor en las ciudades modernas.Sin embargo, el tiempo les mostró que la mayor pobreza fue quedarse sin la aldea y todo lo que la rodeaba.
Ahora, del olvido, renacen, viejas aldeas que vuelven a tener su fuego encendido. Los caminos son otros, las viejas corredoiras ahora son carreteras asfaltadas; no obstante entre las pocas casas que quedaron todavía conservamos la plaza, el cruceiro...
De vuelta a la aldea, sentimos el placer del ayer, de su paisaje y disfrutamos de los sabores de lo auténtico.
Así, en un pequeño instante, de vuelta, en la aldea renacida, recuperamos las sensaciones que se guardaron durante años en los corazones de los que nacieron a la luz de la lumbre de una vieja casa al final de una vieja corredoira.






viernes, 14 de abril de 2017

La lluvia

 Galicia: el lugar donde sucede casi todo
Es difícil que un gallego se imagine una ciudad sin lluvia durante mucho tiempo ya que el cielo gris suele ser una amenaza de manera constante.
En Galicia la lluvia no se acaba nunca, despertamos al cielo nublado ciento cincuenta días al año.
Desde que cayó sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, la lluvia pasó a ser símbolo de fragilidad humana, por eso en el campo la lluvia engendra seres con el don de la predicción. Los campesinos palpan la humedad de las piedras, miran la manera de tumbarse las vacas en el prado, escuchan el modo de soplar el viento y el canto de las ranas; por eso los brujos y los campesinos fueron los primeros hombres del tiempo.
Tenemos más de setenta palabras en nuestra lengua para nombrarla y es que nos acompaña siempre como un amigo al que le perdonamos todos los defectos. Nos preocupa si llega tarde y le rogamos que no nos falte. Nos acostumbramos a su olor, nos hace compañía, es una cómplice con la que compartimos el territorio y la memoria en ese espacio de tiempo sin calendarios de la infancia donde la lluvia era la única certeza del paso del tiempo y una lección de paciencia.
No hace mucho, los gallegos llevaban el paraguas a la espalda colgado del cuello de la chaqueta. Era una manera inteligente de llevar un paraguas mientras no llueve porque te deja las manos libres, no estorba, no ocupa espacio; sin embargo ya nadie lo lleva así y desde entonces somos unos seres con una sola mano hábil porque la otra está casi siempre sujetando un paraguas.
Hay dos señales inequívocas de que una casa, en Galicia, está habitada : un paraguas abierto en el porche y un paragüero a la entrada.
El paraguas no se lleva porque llueva, se lleva por si acaso llueve. 
Crecí escuchando el sonido de la lluvia; mi primer recuerdo de ella es su discurrir por los cristales, su percutir en los tejados, de tal manera que si no llueve siento una ausencia rara, un aire seco que me inquieta y me acompaña el sentimiento de cierta compasión por los que no han forjado una memoria saltando charcos.
El sol te hace extrovertido, la lluvia te vuelve ensimismado. El sol te distrae, se empeña en que no pienses, la lluvia te confronta, te obliga a pensar.
Todos los primeros de Noviembre, el único día en el que en los cementerios hay más vivos que muertos, en Galicia,  llueve y el cementerio ese día parece más que nunca lo que es: un lugar para la muerte. Es como si un día lluvioso doliera más recordar a los muertos. Quizás por esa razón nos acompaña.

viernes, 20 de enero de 2017

Retazos en verde

Es en este país verde, y bajo la luz oscura y misteriosa del Atlántico donde los griegos situaron el fin del Mundo Antiguo y, donde Homero decía que el sol completa su vuelta para luego resurgir por oriente con el nuevo día : Galicia. Un país lleno de contrastes y sorpresas que a los gallegos nos gusta decir que cada casa es un mundo y que cada piedra tiene una historia.
Aquí se encuentran los acantilados más altos del continente y, la unión entre el mar y la tierra la forman las rías donde el océano se sosiega y penetra tierra adentro haciendo surgir la vida que fluye por las calles de los pueblos marineros y por las infinitas arenas de las playas de toda la costa.
Por frondosos valles discurren  numerosos ríos entre viejos montes. Prados pintados de verde claro, de verde esmeralda los cultivos y de verde oscuro los bosques. Por todas partes se asientan pequeñas propiedades donde la distancia entre ellas nunca es mucha y donde los lugares inhabitados son siempre de poca extensión. En los rincones más apartados, las fragas, el bosque antiguo y misterioso.
Hoy tiene la tarde ese misterio que impregna el aire y también el sentir y el alma de todo gallego. Es una tarde gris, tristona, llena de orballo y niebla. Un orballo que se desliza a modiño, muy despacio, y lentamente por las ramas desnudas, ahora ya, de los árboles que al fin,después de un otoño lleno de luz y color se han quedado definitivamente dormidos. Sólo desde el silencio se puede sentir todo lo que esta tierra nos dice.
Después del canto del búho, el silencio de la montaña es aún más profundo. Ahí en esa profundidad, lo esencial es casi siempre lo que no se dice. Lo que se entierra en el silencio.
En realidad todo invita al sueño, al recogimiento y a la reflexión: sobre lo que nos rodea, sobre uno mismo, sobre lo que ocurre más allá de nuestras fronteras, sobre la naturaleza humana. Y al pensar sobre esto la tarde se me ha ido yendo, desmadejándose más y más, oscureciéndose a los pocos, confundiéndose con la niebla.
Aparecen las lechuzas, pájaros de la noche y la oscuridad con capacidad para ver con claridad en las tinieblas y yo las envidio.
Le tuvieron tanta veneración los atenienses por su sabiduría, que no había templo, palacio, calle, plaza, ni esquina  donde no figurase una estatua, pintura o retrato.
Aparece en muchas fábulas como un animal amigo que advierte a las aves, sus compañeras, de los peligros que las acechan. Y es que su aire concentrado y algo ausente, la convierte en imagen de ser reflexivo y prudente.

Mi amiga Trufa, mi querida Trufa, peluda hasta el extremo, se abalanza sobre mi y me envuelve con su gran manto de pelo. Después, me llena de lametones, me mira  con sus grandes ojos de color marrón y suspira. 


sábado, 26 de noviembre de 2016

DRUIDAS


El Druída en la religión de los antiguos pueblos celtas, era la persona que ejercía las funciones de sacerdote, poeta, juez y legislador. Gracias a su exigente y larga educación, adquirieron un prestigio sin igual en la antigua Galia.
Los más importantes fueron los que se establecieron en la Galia y en las Islas Británicas,donde eran los depositarios de toda la tradición oral de los pueblos celtas.
Creían en la inmortalidad del alma, tenían la creencia de que sus muertos continuaban viviendo en otro mundo.
Compartían la predilección por el estudio del universo y los números.
A pesar de su elevada posición social, participaban en el resto de las labores de la comunidad, tanto en los trabajos agrícolas como en las campañas militares aunque su principal ocupación era la educación de los jóvenes, el arbitraje de los distintos litigios ocurridos entre las diversas tribus y la celebración de los distintos ritos religiosos. Profesaban una filosofía cuyo objetivo era lograr que las relaciones entre los hombres fueran más armoniosas; además, su vida estaba basada en la observación de la naturaleza, en la que descubrieron los usos medicinales de un buen número de plantas. Consideraban al tejo como un árbol mágico, del cual extraían la sabia y recogían la corteza y las bayas para hacer ungüentos y conjuros
Los druidas tanto hombres como mujeres gozaban de un gran prestigio en la sociedad celta. Ni siquiera el Rey podía tomar la palabra en una asamblea antes que su druida.
A pesar de la conquista y romanización de la Galia y la Britania que tuvo lugar a partir del siglo III d. C. la cultura gala y la religión druídica mantuvieron casi plenamente su vitalidad hasta que fueron progresivamente marginadas, perseguidas y asimiladas por el cristianismo. En la parte norte de la Península, la influencia romana fue menor y ello ha permitido que en esta zona se conserven más restos de los celtas.
El cristianismo hizo todo lo posible por erradicar cualquier tipo de culto religioso pagano. Los cultos druídicos pueden considerarse definitivamente extinguidos en la segunda mitad del primer milenio de la era cristiana.

La sierra lucense es uno de los pocos lugares de Galicia en los que se conserva el "árbol de la muerte". El tejo es un árbol mágico que puede llegar a vivir cientos de años. Allí, en la sierra del Caurel, como escondidos de las miradas de ojos indiscretos, todavía se levantan orgullosos apuntando al cielo. Árboles sagrados que fueron venerados por los druidas celtas en sus rituales.
Las tierras altas del Caurel están cargadas de ancestrales energías. Un santuario verde, un conjunto montañoso, un atierra olvidada que se queda sin gente. Un bosque considerado como el santuario Europeo del tejo- venerado por los celtas- y el acebo que conviven con robles, hayas, avellanos, castaños y olmos entre otras.
Aquí, afirman algunos, se encuentra el Monte Medulio, espacio sagrado donde los antiguos pobladores de estas tierras prefirieron suicidarse antes de caer en manos de los romanos que los asediaban sin cesar bebiendo una bebida realizada con las bayas de los tejos, altamente venenosas.
Este lugar, el Monte Medulio, quedó inmortalizado para siempre en la historia de Galicia, como el lugar en el que un pueblo prefirió la muerte antes de entregarse al invasor.





domingo, 30 de octubre de 2016

Sabor de otoño




Hay una señal inconfundible que anuncia la llegada del invierno y esa es la de los puestos de castañas asadas, que de un año a otro, vuelven a instalarse en las calles de ciudades y pueblos, casi siempre repitiendo emplazamiento.
Es esta, una invasión silenciosa, que nos abre las puertas de la estación más fría del año.
Es reconfortante percibir el aroma de las castañas asadas cuando con las manos en lo más hondo de los bolsillos  caminamos refugiados dentro del abrigo. Un olor, que como todos los olores, es capaz de traer del pasado una colección de recuerdos y sensaciones que, en la mayoría de los casos, termina con la adquisición de uno de esos cucuruchos de papel, en cuyo interior viene nuestro calentito  manjar al que sostenemos otro año más en una hoja de papel que nos calienta las manos. Quema el cucurucho relleno de 3 euros de castañas. Quema, murmuran las gentes  perdiendose entre la niebla olorosa.
La verdad es que el fuego que desprende el bombo hay días que no es suficiente para soportar el frío, pero lo peor llega a última hora de la tarde, cuando las brasas se empiezan a apagar. Brasas de piñas y carbón para que estén sabrosas, pues en casa con la vitrocerámica o la cocina eléctrica no saben igual. Todo tiene su secreto. Y el otro secreto, claro, que las castañas sean de buena calidad.
La lluvia, como siempre, nos ha situado en el tiempo y los bosques gallegos muestran en esta época del año todo su esplendor, gracias a un curioso fenómeno: la marcescencia, que prolonga la permanencia de las hojas en los árboles. Un fenómeno que se caracteriza por el hecho de que las hojas no caen de inmediato, sino que se retrasa su caída. Todos los nutrientes que los árboles tenían en las hojas los reabsorben al tronco, a la savia, y de esta manera mantienen la hoja. Así, las "carballeiras" no tienen tanta maleza como otro tipo de bosques debido a que la hoja impide que la luz llegue abajo  evitando el crecimiento de otras plantas.
Es decir que las hojas secas no terminan de caer en invierno, manteniéndose en el árbol hasta que las hojas nuevas del roble se abren en marzo y empujan definitivamente a las secas del año anterior. Este fenómeno caracteriza nuestros paisajes boscosos de invierno, en donde podemos ver árboles perennes, caducos y en marcescencia.
Los tonos amarillos y rojizos empiezan a predominar en el bosque, a pesar de que estos bosques en su mayor parte están formados por árboles de hoja caduca.
Setas y castañas protagonizan los fogones de otoño.
Si en verano son las costas de esta tierra las que llaman la atención por su belleza, en otoño es el bosque el que llama la atención. El aire húmedo se mezcla con el aroma de nuestros árboles, del musgo, de las hojas secas que crujen al pisarlas y de fondo el sonido del agua, que a través de ríos y regatos, se va abriendo paso sinuosamente hasta alcanzar el mar.



Cuando llegue el frío del invierno  el silencio anidará en cada brizna de hierba de los prados, la vegetación aparentemente descansará y las raices creceran desarrollando se y afianzando el árbol al terreno conteniendo toda la vida hasta la primavera.

jueves, 13 de octubre de 2016

El aroma de los paisajes

Los olores, los aromas, actúan sobre la memoria llamando a los recuerdos, evocan casi más que informan.
Cuando en la costa sopla el viento del nordeste haciendo que el mar desgarre sin piedad la costa gallega la aguda fragancia del mar se esparce por calles y plazas de ciudades y pueblos. Este olor a mar tiene un nombre : Marusía. Marusía es ese olor de las algas en la playa, ese olor de la humedad  flotante, una suerte de rocío salino que estropea las cosas que toca. Marusía: aroma intenso de agua y salitre mezclado con el olor de las frituras de las tabernas.
 Las marusías son caricias que advierten que el mar de Galicia no es igual en todas partes y puede ofrecer distintas caras: la del norte y la del sur.
Galicia tiene los labios desgarrados por el mar del norte que es un mar vertical, rígido, un mar frío y áspero. Un mar que pocas veces se desvanece en el horizonte, un mar que bate continuamente contra los acantilados más altos de Europa, a cuyo pie se esconden bajos donde naufragan los barcos. En cambio el mar del sur, es siempre horizontal, más sereno,
menos violento y a pesar de todo, también allí naufragan sus barcos. y es que al final alguien acaba pagando el tributo que reclama el mar a pesar de que el romper de las olas frente al acantilado resulta un sonido y una imagen siempre relajante.

Desde que comienza a caer el sol el ambiente se vuelve de otro color en el muelle. En el puerto, lugar de descarga, imponentes mujeres envueltas en un sinfín de prendas concéntricas, desafiantes y chillonas se hacen con el pescado después que los hombres han terminado la tarea de descargarlo.

En el interior, al cabo de los días de llover, todo desprende un olor enmohecido, un olor a setas carnosas, ligeramente agrias. Las goteras caen con una monotonía que templa los nervios. Dan ganas de encender el fuego, uno imagina  el olor de la leña y...  piensa que será agradable, siempre lo es.
Sin embargo esta mañana ha hecho un tiempo de otoño magnífico. Por el cielo han ido pasando nubes, tormentas, claros y chubascos. Y en el aire fresco, los olores dulces de la vegetación reseca han dado paso a los aromas del otoño.
Los aromas se confunden con los sonidos de sus paisajes. Va lloviendo. Cae la tarde y las gotas golpean  las hojas de los laureles y magnolias creando una melodía. La humedad del aire hace destapar los tarros de esencias y los olores se propagan con gran eficacia. Lo mismo ocurre con los sonidos y  mientras en la nariz se entremezcla el aroma dulzón de las hojas caídas con el olor de las picudas hojas de los pinos, en el oído se funden los sonidos del agua con el tañer de una campana.
El olor y la memoria parecen estar íntimamente ligados. Los paisajes suelen tener olores característicos, así antes de que llueva somos capaces de detectar el olor de la lluvia  sin que haya empezado a llover. Hay que añadir los vientos frescos y húmedos que vienen de las montañas y esparcen a través de las calles los aromas de las plantas y las flores  arrastrando la brisa de la lluvia que escurre lentamente sobre los muros y los árboles, así como la niebla que envuelve apaciblemente a la ciudad con un manto de silencio y hace difusas las luces.
La globalización hace que las ciudades  pierdan su personalidad haciéndolas caer en el anonimato, se va desvaneciendo poco a poco su temperamento haciendo que los ciudadanos no miren más al horizonte ni al cielo, las personas bajan la vista y ven lo que tienen más próximo haciendo que su vida se vaya encajonando entre los edificios que se construyen cada vez más altos entre anuncios espectaculares que recortan el espacio vital y ocultan el horizonte.
Se ocultan las montañas que ofrecen la mayor diversidad posible de tonalidades, se deja de lado la presencia y el canto de los pájaros, el volar de mariposas y libélulas. Parece que todo conspira contra ella, el tráfico requiere de toda la atención de conductores y transeúntes, la contaminación del aire, del ruido y de las luces aturden, abruman y ocultan el aroma de las flores, el brillo de las nubes y hacen que la lluvia y la humedad se conviertan en una molestia y una contrariedad.

"Cada ciudad, cada lugar dispone de sus paisajes olfativos, las fragancias tienen historias y se conectan con  nosotros a un nivel emocional, trayendo al presente recuerdos de lugares, eventos y gente". Kate McLean.

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