miércoles, 29 de abril de 2026

Cuando florecen las glicinas


"Si el cuquillo no ha venido el 25 de abril, o se ha muerto, o lo han matado, o es que no quiere venir".
Pero no sólo han llegado los cuquillos y los vencejos cruzando el aire, también golondrinas y aviones están aquí ya muy cerca de nosotros. Es el sonido de la vida
La tierra suspira alegre en  Abril que huele a jazmín y a azahar.

Las glicinas se han ido enrollado en la estructura de la pérgola a lo largo del tiempo, abrazándose a ella, diría yo, que con ansia de florecer. 
Su aroma atrae inevitablemente los recuerdos; esas conversaciones que uno mantiene consigo mismo, y es que con bastante frecuencia, últimamente me hablan desde el otro lado del espejo, aparecen de golpe rescatando una niñez rodeada de aromas y olores tan persistentes, que atraviesan la nostalgia de otra edad y se sientan conmigo a oír el silencio.

La tierra en abril suspira y entre suspiros se llena el aire de aromas del jazmín, el azahar y las glicinas. Hay una preciosa luz que inunda la tierra. No cabe duda que, en otoño, los colores hacen soñar; sobre todo, a aquél que lleva en el corazón a un artista; son como el buen vino añejo, sin embargo los colores en abril, embriagan como un vino joven trayendo alegría y bienestar.

La naturaleza despierta y las gotas de lluvia que el cielo hace caer,  besan el sol haciéndolo multicolor asomándose en él el arco iris.






En la lentísima belleza de la noche, a altas horas, cuando la luna se hace de plata en el cielo, el corazón decide cambiar de soledad y de sendero.

Esta tierra es verde porque el verde aparece sobre otro verde a medida que cambiamos el escenario de nuestros sueños.



Los prados se visten de verde y cantan:

Son de abril las aguas mil. 

Sopla el viento achubascado, 

y entre nublado y nublado 

hay trozos de cielo añil.

 Antonio Machado






En primavera  late aún más fuerte el corazón verde de Galicia. 
El canto del cuco en los bosques y la vuelta de las golondrinas, certifican su llegada. Este mes, es un terrible loco y como tal inestable, juega a sorprendernos con días de azul intenso a otros encapotados de gris y lluvia fría.


Y todo esto ocurre cuando florecen las glicinas.

martes, 10 de marzo de 2026

Mimosas


Después del otoño y, ya pasando Enero, en pleno corazón del invierno aparece, en Galicia, la primera flor: LA MIMOSA.

Esa lluvia de oro que inunda con su aroma orillas, laderas y caminos de bosques.

 Simplemente, es un estallar de luz. Es un inundar de aroma. Es la belleza de un árbol que se ha mantenido hasta el momento casi desgarbado y que ha pasado desapercibido durante el resto de los meses del año. 

Ah! pero con el andar de los primeros meses, según la zona, y como un nuevo amanecer en un día claro, despliega toda su belleza con una delicadeza insuperable por ninguna otra flor.

Igual que la xesta, esa retama tan querida  por los gallegos, también de porte desgarbado como una adolescente que promete una belleza extraordinaria en su madurez, también, como ella, tímida, se repliega sobre sí misma cuando siente la proximidad de algo o de alguien  apenas la rozas.

Se le conoce como mimosa o sensitiva, debido al modo en que mueve su follaje  al ser tocada o expuesta al calor, incluso también lo hace al atardecer.

 Al tocar mínimamente sus hojas, estas se cierran inmediatamente y sus tallos menores caen por el peso de las mismas. Este mecanismo  de contracción cumple dos objetivos: en primer lugar, simular ser una planta mustia es ideal para protegerse de cualquier posible predador. y en segundo lugar  sirve para no perder una cantidad excesiva de agua durante el calor del verano e incluso para resguardarse del viento al reducir la superficie.

Símbolo de la elegancia, la ternura y la sensibilidad. 

Todavía no ha entrado la primavera, la primavera que induce el despertar de la tierra, ella anuncia que no tardará en llegar, y Galicia nos recibe en una mar de mimosas amarillas, que te siguen en caminos y senderos haciéndote un pasillo de aroma dulzón, amable e inesperado.


Llegaron a esta tierra a mediados del Siglo XIX desde Australia y agradecida a ella se ha ido extendiendo colonizando montes y laderas.

Para quien viaja, las mimosas constituyen un recibimiento real, dándole una bienvenida olorosa y visual insuperable.

 Un espectáculo que nos puede transportar a la infancia más dulce, uno de esos pequeños milagros de la naturaleza que evoca tardes de lluvia y fragancia de leña que se quema en el hogar.



lunes, 2 de marzo de 2026

La lluvia

 Galicia: el lugar donde sucede casi todo.

Es difícil que un gallego se imagine una ciudad sin lluvia durante mucho tiempo ya que el cielo gris suele ser una amenaza de manera constante.

En Galicia la lluvia no se acaba nunca, despertamos al cielo nublado ciento cincuenta días al año.

Desde que cayó sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, la lluvia pasó a ser símbolo de fragilidad humana, por eso en el campo la lluvia engendra seres con el don de la predicción.

 Los campesinos palpan la humedad de las piedras, miran la manera de tumbarse las vacas en el prado, escuchan el modo de soplar el viento y el canto de las ranas; por eso los brujos y los campesinos fueron los primeros hombres del tiempo.

Tenemos más de setenta palabras en nuestra lengua para nombrarla y es que nos acompaña siempre como un amigo al que le perdonamos todos los defectos. Nos preocupa si llega tarde y le rogamos que no nos falte. Nos acostumbramos a su olor, nos hace compañía, es una cómplice con la que compartimos el territorio y la memoria en ese espacio de tiempo sin calendarios de la infancia donde la lluvia era la única certeza del paso del tiempo y una lección de paciencia.


No hace mucho, los gallegos llevaban el paraguas a la espalda colgado del cuello de la chaqueta. Era una manera inteligente de llevar un paraguas mientras no llueve porque te deja las manos libres, no estorba, no ocupa espacio; sin embargo ya nadie lo lleva así y desde entonces somos unos seres con una sola mano hábil porque la otra está casi siempre sujetando un paraguas.


Hay dos señales inequívocas de que una casa, en Galicia, está habitada : un paraguas abierto en el porche y un paragüero a la entrada.


El paraguas no se lleva porque llueva, se lleva por si acaso llueve. 


Crecí escuchando el sonido de la lluvia; mi primer recuerdo de ella es su discurrir por los cristales, su percutir en los tejados, de tal manera que si no llueve siento una ausencia rara, un aire seco que me inquieta y me acompaña el sentimiento de cierta compasión por los que no han forjado una memoria saltando charcos.

El sol te hace extrovertido, la lluvia te vuelve ensimismado. El sol te distrae, se empeña en que no pienses, la lluvia te confronta, te obliga a pensar.


Todos los primeros de Noviembre, el único día en el que en los cementerios hay más vivos que muertos, en Galicia,  llueve y el cementerio ese día parece más que nunca lo que es: un lugar para la muerte. Es como si un día lluvioso doliera más recordar a los muertos. Quizás por esa razón nos acompaña.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Península del Morrazo

 Lugar mágico de brujas, campanas que llaman a aquelarre y de ánimas errantes, cuya fama y leyenda ha llegado hasta nuestros días.


La península del Morrazo es una pequeña península localizada en la Provincia de Pontevedra. Tiene unos 40 km de longitud, por 10 km de ancho, y separa las rías de Vigo y Pontevedra.


En la península del Morrazo,  comarca mágica, denominada por algunos como la " península de las brujas", se encuentra la localidad de Coiro con su iglesia que posee un imponente campanario barroco.

 Cangas, en la punta del Morrazo es una tierra encantadora. Tanto es su poder de atracción, que en los tiempos grises de los siglos XVI y XVII, hombre bravos y exigentes se lo atribuyeron a la brujería.

Sucedió que algunas mujeres tristes paseaban de noche, solas por el arenal de la playa para poder encontrar en la soledad el consuelo que necesitaban. La gente del pueblo comenzó a murmurar sobre los paseos nocturnos de estas mujeres y como siempre, el desconocimiento crea temor, y empezaron a distinguirlas  y a atribuirles la  brujería. Por tanto decidieron que eran unas meigas.

El arenal de Coiro tuvo fama de ser sede de aquelarres, tanto que el científico Padre Sarmiento, se fue hasta la iglesia de San Salvador, a ver si había huellas de que sus campanas tocaran solas para convocar a las brujas.

 El arenal de Coiro es hoy la playa de Rodeira, pero la magia hay que buscarla más hacia el oeste, hacia el imponente farallón de la Costa da Vela, que se enfrenta al Atlántico por la puerta que dejan las Cíes y Ons.

 Las brujas de Cangas son una tradición muy especial dentro de la gran tradición de brujas gallega. Porqué allí, cerca del pueblo, en el arenal de Areas Gordas, que pertenece a la parroquia cercana de Coiro, se reunían en los días clave de aquelarre, convocadas por una campana que tañía sola en la Iglesia.

 La campana de esta iglesia se decía que tocaba sola para convocar a las brujas todos los sábados para un aquelarre en la playa de Areas Gordas, donde las visitaba el maligno. Al parecer, al pie de una fuente se reunían las brujas, sobre todo en la noche de San Juan para llamar a las ánimas errantes de la zona.

 Dicha campana se hizo famosa porque tañía sola.



Una de las supuestas meigas Elvira Martínez, declaró bajo tortura que desde los veinte años era esposa del demonio.


Supongo que cualquiera de nosotras juraríamos lo que fuera ante las torturas que prodigaba la "Santa Inquisición"


Entre brétemas.

A nosa Galicia

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