Igual que la xesta, esa retama tan querida por los gallegos, también de porte desgarbado como una adolescente que promete una belleza extraordinaria en su madurez, también, como ella, tímida, se repliega sobre sí misma cuando siente la proximidad de algo o de alguien apenas la rozas.
Al tocar mínimamente sus hojas, estas se cierran inmediatamente y sus tallos menores caen por el peso de las mismas. Este mecanismo de contracción cumple dos objetivos: en primer lugar, simular ser una planta mustia es ideal para protegerse de cualquier posible predador. y en segundo lugar sirve para no perder una cantidad excesiva de agua durante el calor del verano e incluso para resguardarse del viento al reducir la superficie.
Todavía no ha entrado la primavera, la primavera que induce el despertar de la tierra, ella anuncia que no tardará en llegar, y Galicia nos recibe en una mar de mimosas amarillas, que te siguen en caminos y senderos haciéndote un pasillo de aroma dulzón, amable e inesperado.
Llegaron a esta tierra a mediados del Siglo XIX desde Australia y agradecida a ella se ha ido extendiendo colonizando montes y laderas.
Para quien viaja, las mimosas constituyen un recibimiento real, dándole una bienvenida olorosa y visual insuperable.





