viernes, 11 de agosto de 2017

LO QUE EL MAR SE LLEVA

 Ya ha pasado mucho tiempo desde que empezaron a sentarse en el muelle de cara al mar. Se reúnen allí todas las tardes si no llueve, aunque sea invierno, aunque haga frío, aunque el sol y el viento hayan ido quemando su piel. A veces aún aguantan chaparrones y lloviznas. Siempre dicen. " Escampará pronto"
La mirada se pierde en el horizonte, saben que ha pasado toda una vida, que no es posible ya que vuelvan, pero en el fondo, sin querer, todavía aguardan.
¿Y si les pasa como a  Carmen?, que un día sin que nadie lo esperara, al fondo de la boca de la ría, como una sombra,  maltrecho, apareció  su Manuel.
Manuel se encontraba durmiendo cuando se produjo el desastre y cuando estaba a punto de saltar por la borda la succión del barco lo arrastró hacia el fondo marino. Tuvo la gran suerte de que una enorme burbuja de aire procedente del interior del barco que se hundía le hizo de nuevo alcanzar la superficie
Llegó contando que el viento iba en aumento después de haber pasado la bocana de la ría, más allá de las  Cies; sin embargo no era nada que no hubiera visto antes. Lo que se estaba haciendo imponente era la mar. Al rato de empezar la zarabanda una rompiente inundó parte de la bañera. Los aparatos marcaban entre 35 y 40 nudos, pero eso no era lo más imponente, sino las olas, sobre todo, porque era prácticamente de noche y siempre, en la noche imponen mucho más.
Las olas saltaban dentro del barco dejándolos chorreando. Algunas hacían el efecto de una bofetada porque cuando se desploman así, todo retumba y mientras el agua se deslizaba como un torrente pensaron en aquel refrán que dice " el que anda por el mar aprende a rezar"
Son duras las mujeres gallegas, muy duras ante el dolor, la soledad y la pérdida de un ser amado. Se puede leer en sus caras una profunda pena y en el cuerpo y en el alma el agotamiento que la incertidumbre deja ante el desconocimiento del paradero de alguien querido desaparecido en el mar
La mar, igual que la sangre circula por sus venas  confiriendo a su espíritu una fortaleza forjada a base de temporales y galernas que dejaron en estas costas incontables cosechas de viudas de náufragos, de lacrimales secos y de dolor profundo ante la pérdida de aquello que aman.
Ellas no se marean nunca en los barcos y el mareo en el mar es horrible, Tiene dos fases bien definidas: la primera es aquella en la que crees que te vas a morir y la segunda en la que te das cuenta de que, por desgracia, no te mueres.
Tampoco les marea la vida que la agarran bien fuerte a pesar de sus pérdidas.
Y como alguien dijo en una ocasión " los hombres somos muy pobres, demasiado pobres como para ir  perdiendo amores y amigos en la vida.





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