domingo, 19 de enero de 2025

Corozas y carapuchos


La coroza  es una capa hecha de juncos que se coloca sobre los hombros y que cubre todo el cuerpo hasta las rodillas. Tiene forma de cono y se sujeta con una cuerda alrededor del cuello; el carapucho es un sombrero, también de juncos, que se pone sobre la cabeza y que adjunta una visera para evitar que el agua caiga sobre el rostro y las polainas son las fundas de juncos que se ponen sobre los zapatos y llegan hasta las pantorrillas. De esta manera,  nuestros antepasados gallegos del mundo rural, iban protegidos de pies a cabeza durante la jornada mientras llovía, unas veces de forma alarmante ´´co vento rachado´´ y otras de manera suave como tiene la cadencia del orballo. 

Decir Galicia es decir tierra de lluvias y humedales. La persistencia de la lluvia es compañera inseparable. Es un fenómeno meteorológico muy frecuente en este lugar. Debido a esto, se han desarrollado a lo largo de los años diversas formas de protegerse de la humedad y el frio cuando debían salir al campo a faenar. En esos días en que todo se vuelve gris, pareciendo que jamás volverá a brillar el sol, una de las más curiosas y tradicionales formas para protegerse  eran  las ropas de aguas hechas con juncos y compuesta por tres piezas : la coroza, el carapucho y las polainas que cubrían toda la pantorrilla hasta los pies.




Para hacer estas prendas se utilizaban juncos que habían estado al sol durante ocho días para que se  secaran bien, luego los trenzaban con una técnica especial para darle forma y resistencia.

Tienen la propiedad de repeler el agua y aislar del frío, por lo que eran muy útiles para los trabajadores del campo.

El uso de la ropa de juncos se remonta a la Edad Media y se mantuvo hasta finales del siglo XX. Actualmente, se conserva como una muestra de la cultura y la identidad gallega y no deja de ser un ejemplo de como los gallegos que vivían en el rural supieron adaptarse al clima y aprovechar los recursos naturales de la tierra.

Había muchas familias que durante las noches de otoño e invierno hacían una media de 100 a 150 al año. El precio de una coroza en 1940 era de 5pts, pero siempre con una subida progresiva marcada por  el propio comprador.


El junco es una planta brava y salvaje  que requiere cuidados y un trato delicado. En el mes de julio  como ya tiene un desarrollo completo, se recogen los mejores. Después se ¨malla ¨para que pierda dureza y se haga flexible. A continuación se lleva a un tendal para secarlo 10 o 15 días, que es lo que suele tardar en hacerlo.

Una vez seco el junco se recoge en haces o "mollos" y se guarda en el "fayado" hasta el mes de septiembre u octubre, que es cuando las mujeres, bien en sus casas o juntándose en corrillos, iniciaban la confección de las corozas.

 

jueves, 12 de diciembre de 2024

Los ojos del Caurel



  • Caurel. era el nombre del viento del noroeste, del aire que viene del país de la muerte

  • Paisajes mágicos, llenos de leyendas, cuevas y castros habitados por Mouras, pasadizos secretos y bosques que nunca fueron talados. En definitiva, lugares hermosos difíciles de olvidar. La sierra de O Caurel, atravesada por el río Lor, afluente del Sil, es conocido por ser el río más importante de la sierra de O Courel donde el paraje natural es de incalculable belleza.

    El manto  vegetal del lugar, muy abundante y rico, aparece cubierto de brezo y robles, y en las zonas altas se pueden ver bosques de encinas y otros árboles autóctonos.

     Los valles están rodeados de bosques de castaños destacando dehesas como la Rogueira, una de las reservas botánicas y más ricas de Galicia.


     O Courel es un mundo que trasciende los sentidos. Las antiguas leyendas nos cuentan que en un universo paralelo o interior sigue poblado por una rica civilización protegida por magos y genios que franquean el acceso.


    Los pueblos de la sierra; pequeños pueblos con casas de losa están llenos de encanto. En este lugar, aún se pueden visitar varias pallozas que nos traen a la memoria la manera de vivir de nuestros antepasados.
    La población de lobos va en aumento en la sierra de O Courel. Hay constancia de la presencia de manadas en el entorno de Rogueira y en la montaña del Lor.

    Las historias de lobos forman parte desde tiempos inmemoriales del imaginario colectivo en estas montañas de O Courel, pero lo que es más llamativo para los vecinos es el creciente número de ejemplares que actúan en solitario. Los lobos que actúan de esta manera, fueron con toda seguridad expulsados de la manada por algún motivo: por la competencia entre los machos o alguna otra circunstancia que desaconseja su presencia, dado que su comportamiento no se integra en el grupo.

    Para descubrir la verdadera riqueza natural de este lugar, será necesario adentrarse en el corazón del bosque, donde las copas de los fresnos, las hayas, tejos y abedules se cierran sobre los senderos formando un techo de hojas de multitud de colores. Allí se ocultan algunos de los tesoros geológicos de O Courel, como la Cova do Vello o las grutas de O Oso que fueron habitadas en la prehistoria.



     El Courel es una de las zonas menos pobladas de Galicia y cada vez, el despoblamiento se hace más evidente. Esta se distribuye de forma dispersa, formando numerosos asentamientos cuyos principales ingresos son las explotaciones forestales, agrarias  y la extracción de pizarra.

    El otoño es el mejor momento, la mejor época, para descubrir  las montañas lucenses, visitar sus aldeas y atravesar  sus bosques y es que esta sierra salvaguarda infinidad de rincones cargados de naturaleza, patrimonio etnográfico y tesoros geológicos.





    martes, 26 de noviembre de 2024

    La soledad de la aldea.

     Decía Lope de Vega:

    A mis soledades voy,
     de mis soledades vengo,
    porque para andar conmigo
    me bastan mis pensamientos.
    No se que tiene la aldea
    donde vivo y donde muero,
    que con venir de mi mismo
    no puedo venir más lejos.
    Ni estoy bien ni mal conmigo,
    más dice el entendiemiento
    que un hombre que todo es alma
    está cautivo en su cuerpo.
    Entiendo lo que me basta
    y solamente no entiendo
    como se sufre a si mismo
    un ignorante soberbio.

    Fue casi sin darnos cuenta que allá por los años 50 comenzó un nuevo éxodo. Se habla de más de 3000 pueblos deshabitados de los que apenas queda el recuerdo. Se ven casi sus aldeas como esculturas modeladas al capricho de la naturaleza. Se han ido diluyendo poco a poco.
    Muchos son a los que las luces de la ciudad atraen y deslumbran. Se han marchado los jóvenes y los mayores se han ido quedando solos. Ya nadie volverá a cosechar los campos y cultivar el huerto.
    Caminos que se cierran, casas que se desmoronan. Estos lugares pasan a ser el envoltorio de muchos recuerdos, rincón de añoranzas de tiempos pasados, donde un día, no hace tanto, la vida fluía entre las labores del campo y la alegría de sus gentes.
    Casas del pueblo con el corazón roto y el tejado hundido son aquejadas del mal del abandono, donde el silencio y la soledad caminan de la mano de arbustos y hierbas que crecen entre sus piedras. A la casa de la aldea la ha partido el corazón el rayo de la indiferencia, la tempestad de la rentabilidad y la dejadez de todos.
    Hay una España que se vacía y otra que se masifica y no la oye.
    Estamos en Noviembre y con su color gris acerado de intenso frío parece que las soledades y ausencias  de los lugares son mayores y duelen todavía más.
    La dolorosa soledad de convivir sin esperar respuestas ni buscar gratificaciones humanas, al mismo tiempo tener la suficiente paciencia y esperanza para saber que todas nuestras dolorosas soledades, en el fondo, nunca bien resueltas, orfandades de otros tiempos, han servido para algo. Necesitamos saber que " el sentido" culminará y equilibrará nuestra vida, y que "el sentido" no es una explicación que uno se da sino una bienaventuranza que se alcanza.
    Esta soledad de ser uno mismo, esta realidad que se alcanza al final de un proceso de autentificación, de ir deshaciendo máscaras y papeles representados, esta es la soledad que nos devuelve el equilibrio y la paz.

    Decía Nietzsche que "la valía de un hombre se mide por la cuantía de soledad que le es posible soportar"

    lunes, 13 de mayo de 2024

    La Costa de la muerte

    Una región de Galicia que fue considerada el fin del mundo durante el Imperio romano: "A Costa da Morte"

    Cuenta la leyenda... así comienzan todos los relatos de antaño donde el misterio, la incógnita y la magia están garantizados; pues sí, cuenta esta leyenda y habla de un lugar de la costa gallega donde la fuerza del mar se deja sentir en sus enormes acantilados haciéndolos especialmente abruptos y escarpados. 
    El mar aquí no tiene piedad ni con barcos ni con hombres y hace de esta zona un cementerio para cientos de marinos.
    "A Costa da Morte": Impresiona su nombre, también impresiona el lugar y no solo por su belleza, sino también por su soledad, su silencio, su grandiosidad.

    Se debe su nombre a la cantidad de naufragios y muertes que en esta zona ocurrieron desde cientos de años atrás.

    Varias son las leyendas que se cuentan de este lugar pero quizás la más antigua y la más impactante tuvo que originarse en tiempos muy remotos en donde las únicas señales marítimas posibles eran la costumbre ancestral de hacer sonar las caracolas de mar en los días de niebla y las hogueras, que las mujeres encendían en los cabos y atalayas para señalar a sus hombres el camino de regreso a tierra.

     Yo he oído el sonido de los faros en multitud de ocasiones cuando las nieblas rodean los barcos en una trampa mortal. Es un sonido que parece salir de las entrañas del mismo mar, es un sonido que guía en una ceguera sin límite, es un sonido lúgubre pero, al fin y a la postre, un sonido esperanzador ya que en esos instantes no hay nada que te guíe más que ese sonido que se cuela entre la niebla. 

    El excesivo número de hundimientos que se han dado a lo largo de esta costa, culpabilizando a las gentes de este lugar, fue seguramente lo que le dio ese nombre a esta zona ya desde tiempos antiguos.

    Se dice que en las noches de temporal y de poca visibilidad, cuando las nieblas se asentaban por días sobre la zona e impedían a los navegantes avistar la costa, pequeños grupos de paisanos acuciados por el hambre y la miseria provocaban los naufragios de los barcos para apropiarse de sus cargamentos con la artimaña de la vaca-farol.


    Acudían con sus bueyes a pasearlos por los límites de los cabos, colgando de los cuernos pequeños faroles encendidos que simulaban el balanceo de las luces de otras embarcaciones navegando. Los marinos, que navegaban en el lugar, confundían la luz de estos faroles con la luz de otras embarcaciones que navegaban más cerca de la costa y a mayor resguardo de la tempestad y así, optaban por imitarla, aproximándose también y estrellándose sin remedio contra los acantilados, cayendo así, en una trampa mortal.



    En pocos minutos el barco estaba perdido porque entonces las gentes del lugar aprovechaban para saquearlo y si fuera preciso asesinar a los indefensos náufragos. 

    Si esta historia es cierta, es imposible de saber pues en esta tierra el silencio se mantiene sobre los asuntos delicados que no van con ellos. Este silencio cómplice es el que ha impedido que nunca se haya probado este proceder tan bárbaro, si es que alguna vez se produjo. 

    Quizás no haya sido nunca la piratería ni tampoco las gentes del lugar que en multitud de ocasiones arriesgaron sus vidas con un gran mar de arbolada y se lanzaron a ella para auxiliar a los náufragos. La muerte es una constante en estos pueblos que son acariciados a veces y otras golpeados por la fuerza de su océano.

    Relacionar

    Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
    Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...