miércoles, 13 de septiembre de 2017

Pobriña da tola ( Pobrecita loca )

"Pobriña da tola" ( Pobrecita  loca) Es un precioso poema de Ramón Cabanillas escrito en gallego y cantado por Juan Pardo y Amancio Prada.


                  
  ¡PROBIÑA DA TOLA!
   ¡POBRECITA LOCA!
       Letra de Ramón Cabanillas
Non teño parentes
amores nin chouza.
Aldea en aldea,
parroquia en parroquia,
ando polo mundo
arredada e soia.
Xanto cando atopo
cunha almiña boa
que polos seus mortos
bótame de esmola
a cunca do caldo
e o anaco de broa.
Durmo nos camiños
érgome coa aurora,
lávome nas fontes
de crara auga morna,
e as noites que a lúa
loce briladora,
como nun suspiro
paso as horas mortas
mirando para ela,
cantándolle copras:
 
Lúa, lúa branca
como me namoras (bis)
 
Os cans que me ladran,
e os nenos que xogan
tirándome pedras,
chamándome tola,
atraveso veigas,
rubo corredoiras,
e salto valados
cubertos de roxas
espiñas de estripos
e ortigas treidoras
que fírenme a carne
e ráchanme a roupa…
¡a roupa dos probes
que nunca foi nova!
 
A xente do mundo
que di que esta corda
marmura ó toparme:
¡Probiña da tola!
E non é verdade.
¡Abofé… abofé que estou corda!
¡Si a xente soupera!…
Cando camiñando
paso polas hortas
a tempo que a xente
turra da espiocha
ou cava patatas
ou pranta cebolas
sempre hai un que diga:
 
- ¿A ónde vas Rosa?
I eu que nunca quixen
andar con parolas
- ¡Demo de xudío!
¿A ti que che importa?
E, sin mais palique,
vírome de costas;
mais ben me porcato,
facéndome a xorda
que queda decindo:
¡Probiña da tola!
 
O conto é que un fillo
¡bo mozo! da dona
do Pazo da Gándara
andúvolle ás voltas,
¡As cousas do mundo!
O triste da historia
foi que o mozo ó irse
deixouna sen honra.
Eu non me recordo…
¡Bah! ¿Quén se recorda?
Pero eu non acerto
que ten esa historia
que, cando contala
tristeiros escoitan,
namentras eu saio
correndo da horta,
os homes se laian,
e as vellas e as mozas,
co mandil nos ollos,
doloridas choran
decindo en voz baixa:
¡Probiña da tola!
 
A xente do mundo
que di que está corda
marmura ó toparme:
¡Probiña da tola!
E non é verdade.
¡Abofé… abofé que estou corda!
¡Si a xente soupera!…
que non é verdade.
¡Abofé estou corda!
¡Si a xente soupera
que eu vivo na groria!
 
Cando a noite cobre
o pinal de sombras,
dúrmome nun leito
de fiunchos e follas,
e a pouco desperto
e vexo una pomba
que baixa do ceo
voa que revoa,
e ven no meu colo
pousarse, e mimosa,
rúbeseme ó peito,
e bícame na boca,
fálame dos anxes
da Nosa Señora.
 
E todas as noites
ven a branca pomba
e conmigo fala
e conmigo xoga;
ate que alumeando
o pinal a aurora
rube cara o ceo
voa que revoa
 
Por eso me río
cando ¡meigas fora!
a xente do mundo
que di que está corda
marmura ó toparme
¡Probiña da tola!
No tengo parientes
amores ni choza.
Aldea en aldea,
parroquia en parroquia,
ando por el mundo
amedrentada y sola.
Como* cuando encuentro
con una buena alma
que por sus muertos
me da  limosna
el cuenco de caldo
y un trozo de pan de maíz.
Duermo en los caminos
me levanto al amanecer,
me lavo en las fuentes
de clara agua templada
y las noches que la luna
luce brillante,
como en un suspiro
paso las horas muertas
mirando para ella,
cantándole coplas:
 
Luna, luna blanca
como me enamoras (bis)
 
Los perros que me ladran,
y los niños que juegan
tirándome piedras,
llamándome loca,
atravieso prados,
subo caminos,
y salto vallados
cubiertos de rosas
espinas de espino
y ortigas traidoras
que me hieren la carne
y me rasgan la ropa
¡la ropa de los pobres
que nunca fue nueva!
 
La gente del mundo
que dice estar cuerda
murmura al encontrarme:
¡Pobrecita loca!
Y no es verdad.
¡Seguro… seguro que estoy cuerda!
¡Si la gente supiera!…
Cuando caminando
paso por las huertas
al tiempo que la gente
trabaja con la azada
o siembra patatas
o planta cebollas
siempre hay uno que diga:
 
- ¿A dónde vas Rosa?
Y yo que nunca quise
andar con habladurías
- ¡Demonio de judío!
¿A ti que te importa?
Y, sin más conversación,
me doy la vuelta;
más bien me percato,
haciéndome la sorda
de que queda diciendo:
¡Pobrecita loca!
 
El caso es que un hijo
¡buen mozo! de la dueña
del Pazo de la Gándara
le hizo la corte,
¡Las cosas del mundo!
Lo triste de la historia
fue que el mozo al irse
la dejó sin honra.
Yo no me acuerdo…
¡Bah! ¿Quién se acuerda?
Pero yo no entiendo
que tiene esa historia
que, cuando al contarla
entristecidos escuchan,
mientras yo salgo
corriendo de la huerta,
los hombres se lamentan,
y las viejas y las mozas,
con el delantal en los ojos
apesadumbradas lloran
diciendo en voz baja:
¡Pobrecita loca!
 
La gente del mundo
que dice estar cuerda
murmura al encontrarme:
¡Pobrecita loca!
Y no es verdad.
¡Seguro… seguro que estoy cuerda!
¡Si la gente supiera!…
Que no es verdad.
¡Seguro que estoy cuerda!
¡Si la gente supiera
que yo vivo en la gloria!
 
Cuando la noche cubre
el pinar de sombras,
me duermo en un lecho
de hinojos y hojas,
y al poco despierto
y veo una paloma
que baja del cielo
vuela que vuela,
y viene a mi regazo
a posarse y, mimosa,
se me sube al pecho,
y me besa en la boca,
me habla de los ángeles
de Nuestra Señora.
 
Y todas las noches
viene la blanca paloma
y conmigo habla
y conmigo juega
hasta que alumbrando
la aurora el pinar,
sube hacia el cielo
vuela que vuela
 
Por eso me río
cando ¡meigas fuera!
la gente del mundo
que dice estar cuerda
murmura al encontrarme
¡Pobrecita loca!

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Las Catedrales del Mar

Un paraje inolvidable, junto a la ría del Eo, en las proximidades de la localidad de Ribadeo, las verdes laderas gallegas se transforman en abruptos acantilados al asomarse al Mar Cantábrico.
El mar y el viento han esculpido la piedra de tal manera que hacen que algunas de sus paredes parezcan arcos de iglesias. Las grandes moles rocosas aparentan un laberinto de callejones, arcos, columnas y oquedades que recuerdan otras fastuosas construcciones proyectadas por el hombre.

Si alguna vez llegas hasta este lugar de la costa gallega, ese que marca la división de los dos mundos, descubrirás que el tiempo no tiene más medida que el ritmo de las mareas. La bajamar deja al descubierto un último trecho en el que un impresionante arco de colosales proporciones se deja observar tras haber atravesado un paseo entre columnas naturales que se levantan en medio de la arena y se acaban apoyando en el acantilado
Si alguna vez te quedas con los pies anclados en la arena contemplando como se abren y se cierran los pasadizos secretos donde, según se dice, duermen los hombres que el mar retiene hechizados en su abrazo de espuma, recuerda que estás bordeando el mayor de los misterios.
Cada día, o cada noche, nunca a la hora prevista, nunca a la hora exacta,  las aristas del umbral se iluminan o de soles o de lunas. Es un momento mágico en que, según la leyenda, se podría predecir el futuro y recuperar el pasado.
Y dicen los viejos marineros que en las horas más oscuras, en las noches en las que la Luna desaparece para renacer, unos puntos brillantes marcan los límites en el centro de esa puerta y que son los ojos verdes de las sirenas que iluminan desde siempre, desde todos los tiempos, los senderos del mar de regreso a casa.
Y cuentan que si, cuando el límite más bajo de la marea coincide con el momento en que el sol empieza a descender por el horizonte estás frente a esa puerta, puedes pedir un deseo por que ese es un momento en que los dioses están más cerca de ti y más atentos a lo que puedas pedirles

El olor a salitre y el sonido de las olas nos envuelve. Altos y sorprendentes arcos de piedra emergen entre la tierra y el mar, como si se tratase de restos de antiguos y remotos templos olvidados por la historia. Obra de la naturaleza, no de los hombres, a través de miles de años de la acción del agua y el viento. La similitud de estas formaciones rocosas con los arbotantes de las catedrales góticas, han hecho que esta playa llamada de Aguas Santas, sea también conocida como la Playa de las Catedrales.
Ubicada entre Foz y Ribadeo, en la provincia de Lugo, conocida, esta costa, como la Mariña Lucense.
En el momento de la bajamar es cuando tendremos la oportunidad de recorrer entre acantilados y formaciones rocosas los 1328 metros de esta playa de arena blanca.
Destaca por su conjunto de acantilados esculpidos por el viento, el mar y mucho tiempo.
La erosión del agua ha ido formando cuevas, socavones y pasadizos en la pared de pizarra de los acantilados y dependiendo de la hora del día estas van adquiriendo diversas tonalidades que embrujan con solo mirarlas. Estos pasadizos cuando la marea está alta quedan totalmente cubiertos por el agua.
Algunos de estos arcos de piedra llegan a medir más de 30 metros, y al pasar por debajo de ellos se puede escuchar el ulular del viento mezclado con el sonido de las olas al rebotar contra las rocas. Un sinfonía natural que nos reconforta y nos abstrae, haciéndonos sentir en ese momento toda la magia de este lugar.
Galicia, irremediablemente,como una maga hechicera, deja una profunda huella en todos aquellos que deciden visitarla.







miércoles, 30 de agosto de 2017

LA MAGIA DE LA LUNA

La luna ha ejercido siempre una fascinación importante en el ser humano; ha estado llena de misterios y ha inspirado veneración religiosa, mitos y supersticiones. Todos los calendarios de la antigüedad eran lunares. Ha sido fundamental para la medición del tiempo, para marcar los meses y las estaciones, y para predecir el futuro.
La tradición oral conservó hasta nuestros días los mitos de las brujas que se reunían bajo la luz de la luna a lanzar sus conjuros, o el mito del hombre lobo, que sufre su transformación en noches de luna llena. El plenilunio acelera la fase final de los embarazos. Y la mala suerte perseguía a  quien dormía con la luz de la luna bañando su rostro porque provocaba pesadillas o podía conducir a la locura.
En la actualidad fueron los alemanes quienes comenzaron con la práctica de la luna de miel. Sus bodas se celebraban bajo la luna llena y después los novios bebían licor de miel durante 30 días.
Para el Islam la media luna se ha convertido en un símbolo y su calendario sigue siendo lunar.
Marca la celebración de la Pascua para el mundo cristiano Esta se celebra el primer Domingo posterior a la primera luna llena después del equinoccio de primavera.
Ha inspirado grandes composiciones musicales.


Cuando era niña la luna me fascinaba.  Me fascinaba su cara de plata, su redondez, su luz. En mis fantasías me acompañaba y me seguía adonde yo quisiera, guiándome.
En las noches de verano de mi infancia me cautivaba mirarla inundándome de luz el dormitorio. De muy niña la doté de vida y emociones humanas. Aún ahora en estas plácidas noches de verano me encanta salir al jardín a mirarla, a hablar con ella envuelta en el perfume y en la oscuridad de la noche.

Como dos imanes, la luna y la tierra, se atraen. La luna intenta  atraer hacia si los mares, esos mares que habitan la tierra. Intenta  tirar de cualquier elemento; sin embargo la tierra, con su fuerza, es capaz de soportar el empuje de la luna,  exceptuando el agua a la que no puede "retener" enteramente, por lo que la luna acaba siendo capaz de atraer a las aguas de los océanos.

"Tú, oh señora de las mareas
Principio y fin de mi dulce esencia
En ti nace y muere el tiempo"


Cuando la luna está en fase llena o nueva, el tirón gravitatorio del sol y la luna se combinan. En ese momento, las mareas altas, son muy altas y las mareas bajas, son muy bajas. A este fenómeno se le conoce como mareas vivas, y se da cuando la tierra, el sol y la luna están alineadas, Es por eso que cuando la atracción del sol se suma a la de la luna, las mareas son grandes y las llamamos mareas vivas.



Entonces el mar comienza a agitarse en su interior y es hacia el final del verano, como si quisiera despertar de su calma y recuperar la playa para si, cuando las mareas vivas atraídas por la luna inundan la playa acariciando la arena torpemente. La llenan de espuma blanca bailando su danza de cortejo mostrándole toda su belleza.
El mar  inunda a la playa de luz y sonido borrando de la arena las huellas de los sueños de los hombres.

Y la playa, vuelve a ser suya de nuevo.










domingo, 6 de agosto de 2017

Vigo y su Cristo de la Sal




Durante muchos siglos, la ciudad de Vigo estuvo centrada en la actividad pesquera . Sus gentes vivían de lo que la Naturaleza les daba pasándose la vida procurando sobrevivir a las peligrosas aguas del Océano Atlántico.

Los versos de todos los poetas están recorridos de ritmos y rumores marinos, de estertores de olas espumosas, del brillo de los delfines, de golpes de remos, de vientos húmedos, de olor de algas y de puertos.
El mar ha sido siempre una fuente de vida, hasta el momento, inagotable. Pero el mar es peligroso y los hombres que viven surcando sus aguas lo saben bien. Por eso, todos los años, el primer domingo de Agosto, miles de gallegos participan en una procesión que recorre las calles de Vigo con el mayor tesoro religioso de esta ciudad: una gran Cruz con una imagen de Jesús.
El aire se llena del aroma de las flores y del olor de los cirios quemados. Los devotos, con  los cirios encendidos discurren por las calles en una atmósfera llena de solemnidad, solo rota por las salvas, las oraciones y los tambores. Avanzan con ritmo lento por callejuelas estrechas; tan estrechas, que el Cristo va acariciando los rostros de aquellos que se asoman a los balcones para verlo pasar. Lo empujan veinte cofrades, dieciséis costaleros en las agarraderas exteriores y cuatro carreteros desde abajo del soporte. Cierran la procesión miles de vigueses que le siguen al paso. A la tarde le va inundando la penumbra y los farolillos y los cirios se han encargado de iluminar al Cristo con un reguero de luz.

Esta imagen es un símbolo de Vigo. Con todas las leyendas que corren en torno a su historia, muchos obispos han querido trasladar el Cristo a diferentes Catedrales e Iglesias de Galicia e incluso a otras regiones españolas. Sin embargo, según cuentan, cada vez que alguien ha intentado llevarse el Cristo de la Colegiata a una iglesia diferente, las fuertes lluvias lo han impedido.
La lluvia no es algo raro en Vigo, aunque hay quien cree que no es casualidad que cada vez que alguien haya intentado llevarse la imagen del Cristo comenzara a llover, a mares, como decimos aquí.
Sigue siendo uno de los símbolos más importantes de la ciudad y cuando corren tiempos difíciles, los vigueses depositan todas sus esperanzas en esta imagen para que les proteja.

También se le conoce como el Cristo de la Sal.

" Cuenta la leyenda que una embarcación que transportaba un cargamento de sal recogió la imagen en alta mar y amenazados por el fuerte oleaje, los marineros optaron por atracar en el primer puerto para dejar allí la talla y prometieron asistir descalzos a una misa. Sin embargo, pudieron llegar al puerto de Vigo sin problemas y cuando la tempestad amainó, volvieron a adentrarse en el mar olvidando cumplir con sus propósitos. Las olas se elevaron de nuevo en contra de la embarcación, por lo que no tuvieron más remedio que regresar a puerto. La operación se volvió a a repetir y viendo que la navegación se hacía inviable, cayeron en la cuenta de que habían olvidado cumplir su promesa, de modo que llevaron la imagen a la Colegiata de la ciudad, probablemente por su proximidad al puerto y allí oyeron misa"

Otra versión de la leyenda nos llega desde la época de Enrique VIII, rey de Inglaterra.
Cuenta esta leyenda que los cristianos arrojaron la cruz con la imagen de Cristo al mar para salvarla del fuego durante las persecuciones que se produjeron en Inglaterra contra los católicos.. Fue entonces cuando un barco la rescató y la trajo a Galicia.
El nombre del Cristo de la Victoria, según algunos investigadores, procede de la época de las guerras napoleónicas. Los vigueses le han puesto este nombre por haber salvado la ciudad de las tropas de Napoleón.

martes, 1 de agosto de 2017

Entre brumas

 Así se conforma esta tierra, entre brumas suaves, delicadas, que borran los perfiles y los contornos de las cosas.
Entren brumas, la conciencia se disuelve y pierde la necesidad de asimilar y registrar el presente.
Conforme se acerca la noche, la niebla es más densa. Los perfiles desaparecen, la bruma me va cercando y ya casi solo distingo mis manos.
La luz se apaga cada vez más temprano y entro en el
 reino de las sombras. Miro dentro porque fuera ya no existo.Todo a mi alrededor ha desparecido y solo quedan mis adentros.
Actos y sensaciones que parecen haber sido vividos sin ser registrados en la conciencia se convierten finalmente en la materia que ha hecho mi propia vida.

Intento mirar más allá de la bruma: Unas rocas se insinúan entre las sombras.
Intento descubrir las siluetas de los pinos y no lo consigo aunque estoy dentro de ella  y aquí, en el interior de la bruma intento conectar con mis muertos. Cerrar los ojos y sentir su presencia añorada, preguntar qué es lo que tienen que contarme, qué quiero contarles yo, tender las manos...recuperar las horas perdidas... reparar lo irreparable.
Todo el día caminando entre brumas la niebla acaba por convertirse rocío en mi piel, me penetra hasta los huesos.
El descenso de la luz y la luna negra, en la que intento descansar me hace ver las cosas con otra perspectiva, me predispone a la tristeza, que es otro cristal con el que ver las cosas. Habla una parte de mi, la más reprimida, la más olvidada y sin embargo, la más verdadera. Mientras la noche envuelta en el perfume de la bruma ha terminado por borrar hasta los contornos de las sombras.



lunes, 24 de julio de 2017

Donde las piedras hablan



Y... Comenzó su viaje.
Fue realizando todos los rituales  que todo peregrino debe conocer y seguir durante su andadura.
Dejó una cruz hecha con ramas recogidas en el Camino..
Bebió vino de la fuente de Irache en Navarra.
Esta fuente ofrece vino y agua gratis a los peregrinos.

Colocó una piedra en el Camino para alertar a futuros caminantes que iban por el camino correcto.
En la actualidad ha cambiado el sentido de esta tradición ya que ahora colocar la piedra es sinónimo de arrepentimiento o sufrimiento espiritual. Al apilar la piedra o dejarla atrás pasará lo mismo con el dolor.
Tiró la piedra, con la que salió de su lugar de origen, en la Cruz de Fierro para librarse de todas las culpas y penas que haya sufrido en su vida.
 Y el Camino poco apoco va ofreciéndole las condiciones propicias para conversar con la sombra que le sigue a donde vaya
Llega, agotado, descalabrado, los ojos hundidos, los pies lacerados y las manos encalladas de tanto apretarlas contra el nudo del bastón. Nervioso por llegar y besar el Santo, este será el momento más importante en la vida de ese peregrino. Mañana llegará a Compostela como estaba previsto. Poco a poco van sumándose hileras de peregrinos al camino, como una arroyo al que fluyen otras corrientes. Los peregrinos apuran el paso pues ya se presiente que la ciudad está muy cerca y en nada se está en el monte del Gozo. En ese punto desciende deprisa y entra en la ciudad por la Puerta Francesa, que era antiguamente la entrada más importante de las siete que había. Ya en el casco viejo toma las Rúas das Fontiñas y dos Concheiros, se sigue por la Rúa de San Pedro y entra en las Rúas das Casas Reais y das Ánimas para desembocar en la Plaza de Cervantes. Ya no queda casi nada. Avanza por la Rúa de la Azabachería y sale a la Plaza de la Inmaculada. Al fin: La Plaza del Obradoiro.
Ha llegado, el camino ha terminado, la peregrinación ha llegado a su fin. Busca entonces el centro de una de las plazas más bellas del mundo. No olvida que la admiración es el peldaño previo al amor. Por eso, Santiago de Compostela enamora a quien la visita y conoce.












sábado, 15 de julio de 2017

Marineros y su patrona

Con la llegada de Julio llega una de las celebraciones más importantes en toda Galicia, tanto para los marineros como para los que no lo son: la Fiesta del Carmen. Esta es la celebración marinera por excelencia, se venera a la Virgen del Carmen, la patrona de los marineros
Hay cientos de relatos que nos hablan sobre experiencias duras en el mar, quizás tantos como barcos y marineros. Estas historias de náufragos son verdaderas historias de supervivencia que muestran como el ser humano es capaz de adaptarse y soportar las más duras condiciones.

Este podría se uno de tantos:

"El barco escoraba como nunca, las olas nos pasaban por encima. Una y otra vez nos azotaban sin piedad. Sin tregua alguna, no nos dejaban quitarnos el sabor salado de la boca. Casi no podíamos respirar. Estaba empezando a ser angustioso,

El mar estallaba contra la  cubierta y cada vez que esto sucedía hacia un ruido ensordecedor. El barco se cubría continuamente con la fría y abundante espuma del mar. Era engullido por él.
Allí estábamos en medio de aquella imponente masa de agua, viendo y sintiendo como una maraña de relámpagos nos daba caza.
Mantuvimos el silencio unos minutos como si aquella oración íntima en medio de la oscuridad nos fuera a salvar de las garras de aquel mar violento.

Pero el viento fue subiendo con muchísima fuerza y cuando nos dimos cuenta el barco era una cáscara de nuez entre montañas de agua .
Cada estruendo de los relámpagos sentíamos que el cielo se rajaba de arriba abajo. Verlo nos asustaba, pero sentirlo retumbar en el cuerpo nos ponía los pelos de punta. En cada chispazo de luz nos veíamos las caras desencajadas.

Seguíamos agarrados a la caña tirando de ella con fuerza para intentar llevar el barco navegando, pero el barco estaba sin control, iba y venía a merced de las olas de forma tan caprichosa que parecía como si el mar estuviese jugando con él.
La escora era indomable y el motor insuficiente para enfrentarnos a las sacudidas del agua que venían por proa. Acercarse a tierra suponía encallar porque no teníamos control ninguno sobre el barco y el motor no tenía fuerza.
El viento siguió subiendo hasta los 35 nudos.  Entre golpes de mar cada vez más duros, el mar castigó al barco de tal forma  que el motor murió  sin remedio.
Un golpe de mar  violento me lanzó contra una cuaderna vista de popa. Me vi en el suelo sumergido en agua y gasoil. El hedor era tan fuerte que estuvimos a punto de vomitar de la angustia.
Intentamos poner en marcha el motor varias veces, pero fue imposible, estaba muerto.
 Tuvimos unos minutos de impasibilidad, de hastío, el agotamiento nos estaba pasando factura; completamente mojados, cansados y con el traje y las manos manchadas de gasoil y grasa solo nos quedaba llevar el  barco lo mejor posible.
 Solo los bofetones de las olas en los ojos y las gotas que se colaban por dentro del traje de agua eran capaces de sacarnos del letargo o la muerte súbita.
La cosa pintaba muy mal y planificar las maniobras era complicadísimo. El viento ensordecedor, los golpes de mar, la jarcia temblando, y sin motor y sin radio, parecía que nuestra suerte dependía de la resistencia del barco.
En ese momento de incertidumbre y angustia uno piensa en los familiares, en los amigos.
Adormilados por el frío, permanecíamos en silencio guardando la compostura y atados al barco.
 Cuando la angustia del gasoil se nos pasó, empezamos a salir del hoyo y a poner el barco rumbo a puerto. ´
Las luces estaban cada vez más cerca, necesitábamos llegar allí de manera imperiosa, teníamos las muñecas y los brazos reventados de aguantar la caña durante toda la noche en medio de aquellos embates. Cada ola que nos arruinaba o nos revolcaba se llevaba un insulto.

 Tres horas después hicimos una entrada propia de desalmados. En el primer muelle que vimos libre metimos caña derrapando y encajamos el barco en el muelle. Hicimos un pequeño agujero en la banda, pero desembarcamos y nos abrazamos. Besamos los tablones del pantalan  y sin que nadie se percatara de nuestra llegada, fuimos directos a abrigarnos y a desayunar".
Después de esta terrible experiencia, un día como hoy, cualquier marinero o marino siente una emoción indescriptible honrando a su patrona.: La Virgen del Carmen.

Los barcos salen en procesión y sobre las aguas navegan cientos de flores entre las estelas de los barcos que han sido lanzadas al mar. Muchos de los marineros quedaron para siempre en el fondo de mares y océanos, otros recuerdan a sus amigos, compañeros de faena que ya nunca volverán y las familias se agrupan ansiosas elevando su plegaria a la Virgen para que  proteja a sus hombres de las aguas cada vez que abandonen el abrigo del puerto




lunes, 10 de julio de 2017

Marchar para volver

Marchar para volver, esa era la idea predominante que permanecía en la mente de todo aquel que se marchaba de Galicia , ya que ninguno se planteaba la posibilidad de quedarse para siempre.

El enorme vínculo con la tierra ha sido para nuestros antepasados uno de los motivos que han impulsado su vida: irse, trabajar, ahorrar y regresar de nuevo al hogar.

El ahorro era fundamental ya que la vuelta era inconcebible si no se veía la posibilidad de volver en condiciones más favorables de las que se tenían cuando se emprendió el viaje.

 La preocupación que los emigrantes gallegos tenían por el ahorro era casi obsesiva; hasta el punto de ser tacaños y avaros que vivían al día con lo estrictamente necesario. Esta idea obstinada, fue la causa de que, en general, lo emigrantes no se preocuparan de convertirse en propietarios en los países de acogida.

El constante retorno de los emigrantes gallegos es fácilmente comprensible si comprendemos el sentimiento gallego de la saudade.

Más que una simple nostalgia, este sentir provoca una añoranza indescriptible y quizás  habría que explicarlo  al que no  ha experimentado tal sentimiento.

 Unas veces será añoranza de un ser querido, otras "morriña" de cierto lugar, otras nostalgia de un tiempo pasado, otras pura melancolía, tristeza...

La colonia gallega  en el extranjero no deja de crecer. Mas de 500.000 gallegos están repartidos por los cinco continentes desde la Patagonia hasta Japón. Por primera vez en la historia, el número de gallegos en el exterior supera al medio millón. La emigración fue un fenómeno que había marcado a la sociedad gallega en el pasado siglo, pero ahora también es un fenómeno del presente.
Abundaban los insultos a los gallegos en la literatura del Siglo de Oro español, el desprecio que rayaba en el racismo iba asociado a la pobreza. 
La poeta Rosalía Castro se rebeló en sus libros contra el maltrato de los trabajadores temporeros gallegos en Castilla.
Los tópicos despectivos se reavivaron también en América entre finales del siglo XIX y principios del XX con la llegada masiva de emigrantes que desempeñaban tareas no cualificadas en los países de destino. 
A través del teatro se reforzaban los estereotipos que presentaban a los gallegos como personas incultas y rudas, con lo cual limitaba las expectativas laborales y de ascenso social.
La emigración ha sido históricamente una válvula de escape de la explosión demográfica, del hambre, de la falta de oportunidades y de la injusticia.
Millones de personas se trasladaron a América a lo largo de cinco siglos en distintas etapas por diferentes causas y con desigual intensidad. Y es que la injusticia social reina siempre entre los hombres como una lacra.









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