miércoles, 12 de febrero de 2025

Combarro, misterioso tesoro gallego donde aún habitan las meigas

 

Combarro a orillas del mar, en las rías bajas, convive con la magia y la muerte.

Combarro, el precioso pueblo gallego repleto de leyendas que fue entregado como un regalo en la Edad Media. Su historia se remonta al siglo XII, cuando la reina  Doña Urraca I de León donó el pueblo y la Isla de Tambo al monasterio de San Xoán de Poio. Dependió de éste hasta finales del siglo XIX manteniéndose como una aldea sin fortificaciones ni puerto comercial.

Se cree que las meigas y otros seres mágicos han convivido con los habitantes  de Combarro durante siglos y es que las leyendas sobre brujas siguen vivas, alimentadas por la presencia de siete cruceiros que, según la tradición fueron erigidos para proteger a los habitantes de las brujas que supuestamente habitaban la zona, Cada uno de ellos parece contar una historia sobre un tiempo en que la magia y la superstición dominaban la vida cotidiana y así erigidos por doquier entre callejuelas y mirando al mar continúan siendo un testimonio de las creencias ancestrales de la región.


Combarro es el pueblo con más hórreos de Galicia, y es que tiene más de sesenta, de los cuales, treinta de ellos, están alineados mirando al mar, lo cual ofrece una imagen peculiar y preciosa cuyo significado no es más que muchos de sus habitantes poseían y trabajaban tierras al otro lado de la ría. Su casco urbano está  compuesto por pequeñas casas de granito  y callejuelas que huelen a mar representando la esencia de la arquitectura popular gallega de los siglos XVIII y XIX. 

Los hórreos fueron levantados sobre pilares para conservar los alimentos lejos del suelo y de los animales. Eran graneros y despensas. Las piedras redondas que están colocadas sobre los pilares que sostienen los hórreos, se llaman ¨tornarratos¨,  un diseño destinado a que los ratos ( ratones) no puedan acceder a su interior.


El pueblo cuenta con historias y leyendas de todo tipo transmitido de madres a hijas a lo largo de los siglos. Una de ellas es la de los cruceiros, que  son monumentos de piedra utilizados como símbolos de devoción religiosa que ahuyentan el mal. Se colocaban en los caminos y las plazas porque eran puntos donde se creía que se reunían las meigas y su finalidad era mantener a raya a los espíritus malignos.

El casco antiguo de Combarro es un laberinto de estrechas calles empedradas donde destacan las casas marineras. Estas casas, construidas sobre una base de granito, se caracterizan por tener una planta baja que originariamente servía como almacén para los aparejos de pesca y herramientas agrícolas. En las plantas superiores se encuentran las viviendas con balcones de madera, hierro o piedra. coloreados con los restos de pintura de los barcos.


jueves, 30 de enero de 2025

Mujeres gallegas espontaneadas


En el siglo XVIII las mujeres solteras que se quedaban embarazadas eran sometidas a un feroz control por parte de la sociedad. Las madres que no estaban casadas y tenían hijos eran rapadas, expulsadas de la ciudad y consideradas una amenaza para los vecinos. La fórmula que las autoridades diseñaron para cuantificar y vigilar a estas mujeres era una presentación oficial de su situación: quienes eran, quien  era el padre, información sobre el encuentro sexual y el juramento, en los casos en los que no había promesa  de matrimonio, de que se iban a mantener castas toda su vida.


 "Espontaneada" es una figura exclusiva del ordenamiento jurídico gallego que estuvo en vigor en la segunda mitad del siglo XVIII. Está fórmula fue inventada para preservar la virtud y evitar que la mujer soltera o viuda que hubiese quedado embarazada "reincidiera,," en la tentación de mantener relaciones sexuales.  


En los archivos de muchos municipios gallegos se guardan documentos que acreditan el requerimiento de "espontanearse" de algunas mujeres que no era más que la necesidad de declarar el embarazo o el alumbramiento. Era una forma de "protección" para la madre con un salvoconducto  del juez que les evitaba insultos, burlas o ataques de sus vecinos. 

La honestidad de la "espontaneada," así pues, quedaba bajo control.


La obligación de las mujeres gallegas solteras, viudas y embarazadas era presentarse a declarar su embarazo como medida de control por parte de las autoridades para evitar abortos y huérfanos. Al mismo tiempo se convertía en una medida de "protección "para las mujeres, pues desde ese momento en que se "espontaneaban" quedaban protegidas y no podían ser expulsadas del lugar ni encarceladas por este motivo. A cambio las autoridades se comprometían  a cuidarlas y protegerlas con un salvoconducto que evitaba  insultos, burlas y ataques de sus vecinos.



En el siglo XVIII  los hijos nacidos fuera del matrimonio en Galicia no eran ninguna rareza. No sé cuanto de espontaneo tenía este procedimiento pues aunque se presentasen ante una autoridad local que se habían quedado embarazadas y contar de quien y como había ocurrido, no era obligatorio, pero si no lo hacían, las llamaban a comparecer ante las autoridades cuando éstas se enteraban  de que esperaban un hijo y no estaban casadas. En la mayoría de los casos se presentaban voluntarias pero había un grupo a las que llamaban a comparecer ante las autoridades en cuanto se enteraban.



Esta documentación evidencia la existencia de una sexualidad extraconyugal que ha sido analizada desde otros puntos de vista, como son los estudios demográficos, en los que se resalta el número de hijos ilegítimos con respecto a otras zonas de España. De este modo podemos acercarnos a su realidad y escuchar, de forma indirecta sus voces. Voces de mujeres de condición humilde en todos los casos, que no sabían ni leer ni escribir y la mayoría, consintieron tener relaciones sexuales con hombres que les prometían matrimonio, pero que pocas veces cumplían la palabra dada.



Tal vez se puedan interpretar algunos casos en los que la mujer declare esta promesa para justificar relaciones libres y consentidas, de modo que el embarazo se aceptase socialmente por el hecho de mediar una promesa de matrimonio salvaguardando así parte de su honra y su imagen pública, pero la mayoría de los expedientes analizados muestran más bien situaciones de abusos de los hombres sobre las mujeres y  sobre su sexualidad  siempre sometida al control social 

Aunque esta práctica no se daba en otras zonas de España, si se conoce en otros lugares, también con normas derivadas del derecho romano, como Francia





miércoles, 22 de enero de 2025

Los juegos que esconde Santiago


Las piedras de Santiago esconden 200 tableros de juego clásicos. Fueron grabados hace 300 años durante la época barroca y han sobrevivido al paso del tiempo en lugares emblemáticos de la ciudad. Están a la vista de todos, y sin embargo pasan totalmente desapercibidos para la gran mayoría. 

En ningún otro lugar de Europa se conservan tantos. Se concentran en atrios de conventos y monasterios pero también en bancos, fuentes, cruceiros y hasta la torre Berenguela de la catedral de Santiago.



Son las marcas que quedan de una forma de entretenimiento y socialización de hace siglos pero el alto grado de erosión hace difícil en algunos casos establecer qué tipo de dibujos se hicieron en la piedra.

Al parecer este es un fenómeno propio de Compostela y apuntan a la época barroca su nacimiento porque fue cuando se acometió la pavimentación de calles y plazas. Este uso de la piedra en esta etapa fue lo que permitió que se conservase hasta la actualidad testigo de una forma de ocio de aquella época. Se cree que antes los pintaban sobre la tierra por eso de ahí se puede deducir para datarlos entre los siglos XVII y XVIII 


A finales del Siglo XVIII empiezan  a aplicarse nuevas normas en la ciudad considerando que eso afectó a la costumbre popular del juego en los espacios públicos y los estudios concluyen que los tableros se dejan de grabar a comienzos del siglo XIX.

Al parecer este fenómeno es propio de Compostela y, por el momento, no se conoce un equivalente en otro lugar de Galicia. Es importante decir que estos tableros son muy desconocidos tanto para  visitantes de la ciudad como para residentes. De hecho este es el principal peligro que puede impedir garantizar su conservación.



Servían para jugar al tres en raya, una diversión que se extendió hasta convertir la ciudad en el gran casino al aire libre. Era un juego muy popular que a diferencia de los tableros de la época medieval, que eran para curas y personas de cierta educación, estos no son decorativos sino que aprovechan los atrios de la iglesias, las escalinatas y zonas públicas de paso que es donde jugaría la gente  de a pie.

El mayor conjunto es el que se encuentra en el entorno de San Martín Pinario, donde hay cerca de medio centenar, y en el de Santa Clara una veintena. En la ciudad habrá entre 20 y 30 diferentes.


En bancadas, bancos, cruceiros y atrios




domingo, 19 de enero de 2025

Corozas y carapuchos


La coroza  es una capa hecha de juncos que se coloca sobre los hombros y que cubre todo el cuerpo hasta las rodillas. Tiene forma de cono y se sujeta con una cuerda alrededor del cuello; el carapucho es un sombrero, también de juncos, que se pone sobre la cabeza y que adjunta una visera para evitar que el agua caiga sobre el rostro y las polainas son las fundas de juncos que se ponen sobre los zapatos y llegan hasta las pantorrillas. De esta manera,  nuestros antepasados gallegos del mundo rural, iban protegidos de pies a cabeza durante la jornada mientras llovía, unas veces de forma alarmante ´´co vento rachado´´ y otras de manera suave como tiene la cadencia del orballo. 

Decir Galicia es decir tierra de lluvias y humedales. La persistencia de la lluvia es compañera inseparable. Es un fenómeno meteorológico muy frecuente en este lugar. Debido a esto, se han desarrollado a lo largo de los años diversas formas de protegerse de la humedad y el frio cuando debían salir al campo a faenar. En esos días en que todo se vuelve gris, pareciendo que jamás volverá a brillar el sol, una de las más curiosas y tradicionales formas para protegerse  eran  las ropas de aguas hechas con juncos y compuesta por tres piezas : la coroza, el carapucho y las polainas que cubrían toda la pantorrilla hasta los pies.




Para hacer estas prendas se utilizaban juncos que habían estado al sol durante ocho días para que se  secaran bien, luego los trenzaban con una técnica especial para darle forma y resistencia.

Tienen la propiedad de repeler el agua y aislar del frío, por lo que eran muy útiles para los trabajadores del campo.

El uso de la ropa de juncos se remonta a la Edad Media y se mantuvo hasta finales del siglo XX. Actualmente, se conserva como una muestra de la cultura y la identidad gallega y no deja de ser un ejemplo de como los gallegos que vivían en el rural supieron adaptarse al clima y aprovechar los recursos naturales de la tierra.

Había muchas familias que durante las noches de otoño e invierno hacían una media de 100 a 150 al año. El precio de una coroza en 1940 era de 5pts, pero siempre con una subida progresiva marcada por  el propio comprador.


El junco es una planta brava y salvaje  que requiere cuidados y un trato delicado. En el mes de julio  como ya tiene un desarrollo completo, se recogen los mejores. Después se ¨malla ¨para que pierda dureza y se haga flexible. A continuación se lleva a un tendal para secarlo 10 o 15 días, que es lo que suele tardar en hacerlo.

Una vez seco el junco se recoge en haces o "mollos" y se guarda en el "fayado" hasta el mes de septiembre u octubre, que es cuando las mujeres, bien en sus casas o juntándose en corrillos, iniciaban la confección de las corozas.

 

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